Senado de la República

COORDINACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Mensaje de la senadora Ana Lilia Herrera Anzaldo, presidenta de la Junta de Coordinación Política, en la sesión solemne con motivo del cierre de los trabajos del Segundo Periodo Ordinario de Sesiones del Tercer Año de la LXIII Legislatura, el lunes 30 de abril de 2018.

 

 

 

Gracias, presidente Ernesto Cordero.

 

Saludo al secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, quien asiste con la representación del residente de todos los mexicanos, Enrique Peña Nieto.

 

Saludo también al señor Magistrado Constancio Carrasco, por su presencia.

 

Queridas compañeras, queridos compañeros:

 

Inicio con una cita de Emilio Rabasa, en “La Constitución y la Dictadura”:

 

“Entre el absurdo de suponer, que basta una Constitución para hacer un pueblo, y el extremo de afirmar, que la influencia de las leyes es nula para organizarlo, hay un medio que es el justo: la ley es uno de los elementos que contribuyen poderosamente no sólo a la organización, sino al mejoramiento de las sociedades, con tal que se funde en las condiciones del Estado Social, hoy Estado Constitucional y Democrático de Derecho”.

 

Emilio Rabasa “La Constitución y la Dictadura”.

 

Acudo hoy a esta tribuna quizá por última vez en las dos legislaturas para las que fuimos electos y en un México subrayadamente distinto al que teníamos cuando rendimos protesta como senadoras y senadores hace apenas seis años.

 

Y sí, México ha cambiado.

 

Cuando rendimos protesta, sabíamos que el Legislativo tenía una deuda con México. La realidad de nuestro país exigía transformaciones de fondo, y la discusión era impostergable: un país generoso en recursos naturales, ubicación geográfica, clima y fuerza laboral, está obligado a remontar, con la fuerza de la sociedad, pero también con la firmeza de sus instituciones, el dolor de la pobreza y la falta de oportunidades; la creciente desigualdad que a nadie beneficia, así como la corrupción y la inseguridad, que tienen en la impunidad su principal aliada y reconozcámoslo, son la principal causa del enojo social.

 

Avanzamos en la construcción de un andamiaje legal, cuya implementación está en marcha en el ámbito federal, aunque debemos advertir que las soluciones de fondo que requerimos, no se dan por decreto, sino que exigen la participación decidida, sin pretextos, de los tres poderes y de los gobiernos estatales y municipales en el ámbito de sus competencias.

 

Sabíamos, pues, que la situación del país no daba para otros seis años de parálisis, de inercias o de sabotajes. El desarrollo de México no podía posponerse a costa de los intereses de unos cuantos; era menester tomar decisiones -y así lo hicimos- para dignificar lo público, para la inclusión, para lograr un país más justo y más igualitario.

 

Entendimos desde el primer día que llegamos a este Congreso, que no hay voluntad política que esté por encima de nuestras leyes e instituciones, y que sólo a través de éstas México puede ajustarse a las exigencias y retos del entorno internacional.

 

Actuamos con audacia, pero también con responsabilidad; defendiendo nuestras convicciones y acercando nuestras posiciones en un Senado donde los acuerdos más relevantes tienen doble mérito, no sólo por la riqueza de incorporar visiones distintas y complementarias, sino porque ninguna fuerza política -así lo decidió la sociedad- en el Senado tiene mayoría, y eso nos obligó, y qué bueno, a escuchar y dialogar para alcanzar resultados.

 

Es así que la voluntad y la altura de miras de los integrantes de este Senado, evitaron que la parálisis legislativa entrara a este recinto.

 

En la Junta de Coordinación Política, los desacuerdos se discutieron con civilidad y respeto hasta alcanzar consensos. Mi reconocimiento a cada uno de mis compañeros y compañeras que durante estos seis años integraron este órgano de gobierno.

 

Cumpliendo con nuestra responsabilidad ética y legal, nos mantuvimos abiertos al escrutinio. Conscientes de que los ciudadanos, la sociedad, merecen saber cuáles son los motivos que están detrás de nuestras decisiones, optamos -y aquí está nuestro querido amigo y ex presidente Pablo Escudero- por el parlamento abierto y la máxima publicidad en cada discusión, poniendo especial énfasis en los temas polémicos o de alto interés público.

 

La transparencia y el acceso a la información pública llegaron para quedarse. No quiero dejar pasar esta oportunidad sin recordar que dejamos pendiente la iniciativa que en 2013 presentamos los integrantes de la Mesa Directiva para regular el Cabildeo: blindar el quehacer legislativo de intereses ajenos a los de la sociedad, también implica modificar nuestro reglamento para regular y transparentar los asuntos legítimamente promovidos por particulares o dependencias, pero que nosotros tenemos la obligación de traducir en el interés público.

 

En lo que toca a nuestra relación con el Ejecutivo, el Senado mexicano -y que se oiga muy claro- ejerció, como nunca antes, su facultad de contrapeso. Muestra de ello es que reformas constitucionales como la de Transparencia y Acceso a la Información Pública o la Energética, por mencionar solamente dos, tuvieron en comisiones innumerables cambios.

 

Reconozcamos que el interés y la disposición del Legislativo y del Ejecutivo fueron mutuos. Con la apertura del Poder Ejecutivo y gracias al profesionalismo de un grupo plural de compañeras y compañeros, dimos seguimiento puntual en las rondas de negociación de la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por lo que la labor del Senado no se reducirá a su ratificación, pues acompañamos de forma crítica y propositiva a la delegación mexicana, en aras de alcanzar los mejores acuerdos para nuestra nación.

 

En un logro sin precedentes desde 1995, alcanzamos los acuerdos necesarios para completar a cabalidad las representaciones diplomáticas de México en el extranjero. En suma, ejercimos nuestra facultad exclusiva de analizar la política exterior, en congruencia con lo dicho recientemente por el Presidente Enrique Peña:

 

Convencidos de salvaguardar, ante todo, el interés nacional, nuestra soberanía y dignidad; sin miedo a negociar, pero nunca negociando con miedo. Unidos siempre, partiendo de la base del respeto mutuo y con la certeza de que nada ni nadie está por encima de la dignidad de los mexicanos y las mexicanas.

 

La Junta de Coordinación Política reconoce que, ante la opinión pública, el disenso es más notorio que el consenso, porque este último se asume como un componente natural de nuestra labor.

 

Sin embargo, haciendo un balance de nuestro desempeño, podemos estar convencidos de que le cumplimos a México; que la ley siempre es perfectible, pero que hicimos nuestro mejor esfuerzo en cada uno de los temas que nos convocó a legislar.

 

Hoy México es un destino más atractivo para la inversión, más abierto al mundo, donde se fomenta la competencia en beneficio de los consumidores.

 

Hoy entendemos que la educación, para ser un factor de desarrollo y movilidad social, debe ser educación de calidad. Si queremos un México donde el esfuerzo de nuestros hijos valga y si queremos un México donde el mérito se reconozca, debemos empezar por mejorar las condiciones del magisterio y aspirar a que un día las maestras y los maestros de este país puedan dedicarse solamente a la docencia, porque todos los días hacen mucho más, todos los días están haciendo gestión para la infraestructura educativa, todos los días tienen cargas administrativas que solventan con la convicción, la pasión y por supuesto la enorme vocación social que los caracteriza.

 

Concretar las reformas a la legislación secundaria en materia educativa, fue el único momento que nos llevó a sesionar fuera de este recinto. Desterremos pues, la posibilidad de que la educación esté en manos del chantaje, la corrupción o el privilegio de unos cuantos; hay que decir que esos unos cuantos tuvieron secuestrada por décadas la educación pública en este país y eso es un lujo que no podemos volvernos a permitir.

 

Que sean las y los mejores docentes quienes estén frente a nuestra niñez y juventud, pues para evitar que sea la voluntad o el capricho de una persona, creamos incluso un organismo constitucional autónomo como el INEE.

 

Hoy las fuentes de ingresos del Estado se han diversificado, y hemos sido capaces de atravesar un entorno económico internacional muy complejo, manteniendo un crecimiento insuficiente, sin duda, pero sostenido.

 

Hoy tenemos controles más estrictos, para evitar el endeudamiento irresponsable de los estados y municipios.

 

Hoy tenemos un régimen institucional más fuerte, que permite la participación de candidatos ciudadanos en los procesos electorales y la formación de gobiernos de coalición, y tenemos un Instituto Electoral con mayor capacidad de actuación y vigilancia de la equidad en los procesos electorales.

 

Hoy tenemos un marco constitucional más robusto en materia de transparencia, regido bajo un Sistema Nacional, y con un órgano garante autónomo e independiente.

 

Hoy vivimos en un México donde los partidos políticos y sindicatos son sujetos obligados a transparentar y permitir el acceso a su información, logramos una reforma constitucional para transformar la PGR en una Fiscalía General Autónoma, y reconocemos en la legislación secundaria y el nombramiento correspondiente, uno de los temas de mayor apremio, y reconozco también la voluntad que todos tenemos para trabajar hasta el último minuto en el que fuimos electos.

 

Logramos, en suma, pactar y desarrollar una agenda de gran trascendencia para la consolidación de una sociedad de derechos y libertades, basada en el crecimiento económico, fortalecimiento al empleo, la competitividad, transparencia, rendición de cuentas, combate a la corrupción y en materia de seguridad, justicia y derechos humanos.

 

En lo político, materializamos la paridad de género en las candidaturas a cargos de representación popular. Y sin embargo, reconozcamos que nos falta un largo trecho por avanzar para ser un país igualitario, que aproveche el talento y respete los derechos de quienes representamos más de la mitad de la población. Ni más, ni menos.

 

Fue, sí, la iniciativa enviada a esta soberanía por el jefe del Ejecutivo, la que rescató esfuerzos previos y detonó un proceso que, sin importar ideologías, defendimos y enriquecimos.

 

Pasamos de ver a quien en pleno siglo XXI y en este mismo recinto, se abstuvo de votar dicha reforma constitucional, para ver también a compañeros convencidos, como nosotras, de avanzar hacia la igualdad, como mi coordinador Emilio Gamboa, quien desde los primeros días de la pasada legislatura se comprometió, con sus compañeras del grupo parlamentario del PRI, a construir los acuerdos para que una de nosotras encabezara un órgano de gobierno y debo reconocer también la voluntad política de los demás coordinadores de los grupos parlamentarios, que en circunstancias sui géneris, sí, se sumaron a esta iniciativa, que hoy permite que por segunda vez una mujer presida este órgano de gobierno.

 

Al ser la única mujer que usa la tribuna en esta sesión solemne, tengo el deber moral de subrayar que en estos seis años he atestiguado, y lo digo orgullosa, la inteligencia, el talento, la pasión, la perseverancia y la capacidad de conciliación, no solamente de mis compañeros, que lo reconocemos, también de cada una de mis compañeras senadoras de todos los grupos parlamentarios.

 

Por primera vez, mujeres senadoras presidieron Comisiones de gran relevancia, como Gobernación, como Justicia, como Derechos Humanos, entre otras.

 

Podemos decir que casi la totalidad de las Comisiones de Relaciones Exteriores en el Senado, tuvieron al frente a una mujer.

 

Además de presidir la Junta de Coordinación Política, logramos que dos grupos parlamentarios promovieran a las cuatro mujeres que fuimos Vicepresidentas de la Mesa Directiva y sentimos orgullo al saber que, además de nuestros compañeros que hoy son gobernadores, la única mujer gobernadora en México, emanó de uno de nuestros escaños.

 

Por supuesto nos enorgullece saber que en el Gabinete Federal hay compañeros muy valiosos también que surgieron del Senado, y nuestra muy querida Arely Gómez, que también orgullosamente salió de nuestras filas.

 

Gracias a las nuevas reglas en materia electoral, seguramente en las próximas legislaturas veremos capitalizado el anhelo de la paridad en la representación de los órganos de Gobierno del Congreso de la Unión y en las Legislaturas de los Estados, así como paulatinamente en cada uno de los Ayuntamientos y organismos constitucionales autónomos.

 

La participación decidida de todos y todas, nos permite dejar en el Senado la Unidad Técnica para la Igualdad de Género y ojalá que las siguientes legislaturas logren implementar proyectos como el de una estancia infantil en beneficio de las madres y los padres, por qué no, que laboran en este Senado.

 

Hay que reconocer que sin su trabajo, pues no podríamos haber entregado los resultados que hoy podemos enumerar.

 

Quiero hacer un reconocimiento especial para los presidentes de la Mesa Directiva que siempre respaldaron todas estas iniciativas, y en particular al tesón de mis compañeras integrantes de la Comisión de Igualdad de Género, que preside mi querida compañera Diva Gastélum.

 

Compañeras y compañeros:

 

Hemos demostrado que México puede, y debe siempre transformarse por la vía institucional.

 

Por eso, falta a la verdad aquel que pretenda poner en entredicho, o echar para atrás los avances que hemos conseguido por la vía del consenso en la pluralidad.

 

México, señoras y señores, ya no es terreno fértil para el fundamentalismo, para el paternalismo o para el mesianismo. Para fortuna de nuestra nación, el caudillismo quedó atrás hace mucho tiempo.

 

Pretender regresar al pasado es una idea irresponsable. Exijamos juntos, sí, la justicia por la que hoy clama una sociedad agraviada; erradiquemos los privilegios indebidos de la clase política, pero garanticemos certidumbre, garanticemos tranquilidad al trabajo honrado de millones de familias mexicanas.

 

La época en que el poder era unidireccional quedó muy atrás. Por eso miente quien afirma que puede cambiar el destino de México por su sola voluntad.

 

Permítanme justamente, a propósito de esto, retomar una cita de Pedro Salazar, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

 

Cito: “México no ha avanzado hacia un régimen parlamentario, pero sí ha ido dejando en el camino al presidencialismo con poderes metaconstitucionales y constitucionales que durante un buen tramo del siglo XX lo convirtieron en un ejemplo de régimen hiperpresidencialista. La presidencia actual, en oposición a lo que sigue gravitando en buena parte del imaginario colectivo, es una institución con poderes limitados, con atribuciones concurrentes. Un presidente, pues, más republicano, pero también institucionalmente más débil”.

 

Eso es lo que hemos construido, y ese es el contrapeso que el Poder Legislativo ha venido ejerciendo durante los últimos años.

 

En medio de un agitado proceso electoral, ni la ocurrencia ni el discurso del odio, deben mirar con nostalgia al pasado.

 

Los retos que tenemos no podrán resolverse, si no es a través de las leyes y la solidez de nuestras instituciones.

 

México merece un futuro próspero, plural, sustentable.

 

Merece y demanda respeto en el concierto internacional.

 

Hago votos compañeras y compañeros, porque desde donde estemos, actuemos en congruencia y velemos por los valores de la democracia para beneficio de las generaciones por venir.

 

Cuando invocamos el Estado de Derecho, nos planteamos salvaguardar la integridad física y patrimonial de cada persona. Es momento de impulsar una profunda reforma social que eficiente presupuestos, que cierre el paso no solamente a la corrupción, sino a las ocurrencias y al populismo.

 

Trabajar por quienes menos tienen, debe ser consigna de una sociedad y obligación irrenunciable de un Estado que apueste a ganar-ganar.

 

Eslabones de una misma cadena en el servicio público, tan importante el primero como el último.

 

Quiero agradecer el trabajo comprometido de cada uno y de cada una de nuestros compañeros y compañeras en las áreas de servicios, administrativas, parlamentarios.

 

Por supuesto de todo el gran equipo de medios de comunicación, del que hace muchos años formé una pequeñita parte, aquí mismo en el Senado, que nos permiten difundir el quehacer y hasta el no hacer del Poder Legislativo.

 

Quiero agradecer a cada una y a cada uno de mis compañeros senadores, porque luego de seis años, no solo enriquecimos nuestra experiencia, luego de seis años cada uno de nosotros puede tener una visión más profunda de lo que es México a través de sus regiones, a través de cada una de las entidades que aquí representamos.

 

Ha sido un honor servir a México desde la más alta Tribuna, y un verdadero privilegio ser su compañera.

 

Gracias siempre.