Número-1258

  • El Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques analiza la reforma fiscal propuesta en 2016 por el Partido Republicano y el complemento de ajuste fronterizo que, según la Casa Blanca, se adheriría a la misma.

 

El mismo día que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó dos órdenes ejecutivas en materia de migración y seguridad fronteriza, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que México pagaría por el muro a través de distintas alternativas como la de instaurar un impuesto de 20 por ciento sobre productos importados mexicanos.

 

Tras ser cuestionado sobre el impacto para los consumidores estadounidenses, Spicer aclaró que se refería a la propuesta de reforma tributaria que el Partido Republicano presentó en el Congreso, en 2016, y que propone un cambio de régimen fiscal para las empresas, incluyendo el impuesto al flujo de dinero con ajuste fronterizo.

 

Para el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques (CEIGB), la reforma representaría un cambio radical en la forma que opera el sistema tributario en las empresas estadounidenses y tendría efectos potencialmente nocivos en la competitividad regional y, especialmente, sobre el comercio bilateral con México, considerando la concentración de su comercio con EE.UU.

 

Además, el ajuste fronterizo alteraría los términos del acuerdo bilateral para evitar la doble tributación y del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

 

De acuerdo con el análisis del CEIGB, esta propuesta podría enfrentar controversias en el ámbito internacional, ya que la Organización Mundial del Comercio (OMC) no permite ajustes fronterizos en un impuesto directo y podría catalogarlo como una barrera ilegal al comercio.

 

El análisis estudia el modelo tributario planteado por el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y por el presidente del Comité de Recursos e Ingresos, Kevin Brady, quienes proponen desincentivar a las compañías que dejan Estados Unidos en busca de regímenes fiscales más favorables, y generar otra fuente de ingresos tributarios, para reducir el impuesto del 35 por ciento que se aplica a las ganancias de las compañías estadounidenses.

 

Dicho modelo simplificaría el régimen fiscal, al cambiar el sistema tributario para que, en vez de que lo recaudado provenga directamente de las ganancias de la corporación, sea un impuesto sobre el consumo. Este tipo de impuesto se asemeja más al de valor agregado (IVA) y, de implementarse, sería el primero en su tipo por su componente fronterizo.

 

Aunque el ajuste fronterizo desincentivaría las importaciones, la teoría económica sugiere que este efecto podría ser contrarrestado por el movimiento automático que conllevará en otras variables. Por ejemplo, al incrementar el costo de las importaciones, bajaría la demanda de productos importados, lo cual aumentaría el valor del dólar.

 

Al ajustarse el dólar, los importadores podrían comprar el inventario a mejor precio y los consumidores no se verían tan afectados por el cambio. Es decir, el impuesto al flujo de dinero con ajuste fronterizo podría ser neutral con respecto al comercio y no alteraría gravemente, al menos en teoría, los flujos comerciales a corto plazo.

 

Más allá de previsiones de la teoría económica, es previsible que las compañías que vendan productos en Estados Unidos trasladen el costo del impuesto al precio final de estos, por lo que el gravamen recaería directamente en los consumidores estadounidenses.

 

Dado que se trata de un ejercicio único en el mundo, los expertos señalan que no se conocerá el verdadero impacto de este impuesto hasta que eventualmente se implemente; pero podría causar un incremento considerable en la inflación, una desestabilización económica de la deuda en dólares en países emergentes y, en el largo plazo, la generación de condiciones para evitar que trabajadores estadounidenses se vean afectados por los bajos costos de producción de otros países y para desincentivar a las compañías a mudarse fuera de Estados Unidos.

 

De acuerdo con los expertos del CEIGB, los supuestos teóricos de la neutralidad de efectos del impuesto podrían no verificarse, dado que no tienen en cuenta un escenario de profunda integración productiva como el que existe, por ejemplo, en la industria automotriz.

 

En definitiva, afirma el documento, “los abundantes flujos de comercio intra-firma se verían gravemente distorsionados por el ajuste fronterizo y resultarían en un incremento considerable en los costos de producción”, afectando a los productores y consumidores en los tres países.

 

Para una explicación a detalle, es posible revisar el ejemplo ilustrativo y comparativo de cómo operaría el nuevo esquema fiscal propuesto por el Partido Republicano, en la nota de coyuntura ubicada en el siguiente enlace:

 

http://centrogilbertobosques.senado.gob.mx/docs/Nota_Coyuntura.pdf

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