Intervención inicial de Emilio Chuayffet Chemor, Secretario de Educación: Reunión con la Comisión de Educación del Senado.

20 de febrero de 2013


* La educación mexicana ni es todo lo mala que se dice, ni tampoco todo lo buena que algunos pretenden reseñar.La hazaña educativa de México, es una hazaña que pocos países en el mundo pueden tener.

INTERVENCIÓN INICIAL DEL SECRETARIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA, EMILIO CHUAYFFET CHEMOR EN LAREUNIÓN DE TRABAJO CON LA COMISIÓN DE EDUCACIÓN DEL SENADO DE LA REPÚBLICA

En primer lugar, le agradezco al Presidente de esta Comisión, a sus integrantes y a los senadores que concurren a ella sin ser parte, pero interesados por el tema educativo, su presencia.

Para mis colaboradores y para mí es verdaderamente satisfactorio poder asistir en un primer encuentro, a poder explicar cuáles son, en nuestra opinión, los juicios de valor que pueden derivar de un análisis de tres meses del Sistema Educativo Nacional, y la Reforma Educativa que ha enviado el Presidente de la República, para su desenvolvimiento reglamentario.

Creo que como lo ha dicho el señor Senador Morón, la educación es noble, pero también es escarpada. Es posible que coincidamos en muchos temas, pero es posible que defiramos en las estrategias.

Y lo mejor será que la construcción del andamiaje jurídico de esta reforma de gran calado, se haga con el mayor consenso posible y esto se ha logrado en México varias veces y creemos, precisamente por la nobleza de la educación, que podemos volverlo a hacer.

La educación mexicana ni es todo lo mala que se dice, ni tampoco todo lo buena que algunos pretenden reseñar. La hazaña educativa de México, es una hazaña que pocos países en el mundo pueden tener.

Cuando en 1920 inició Vasconcelos la Secretaría de Educación Pública, había 80 por ciento de mexicanos, poquito más, 84, en estado de absoluta exclusión escolar. No había escuelas y había analfabetos  y tampoco había universidades.

Los grandes temas de la educación de un país, se resumen en 3 palabras: Alfabetizar.  Escolarizar y crear los cuadros universitarios, técnicos y de investigación, que soporten cíclicamente el sistema educativo.

Hay países que se tardaron un siglo en alfabetizar. Hay otros que optaron por la escolarización y unos más por la universalización de la educación superior y la producción de los cuadros técnicos y profesionales.

México, en menos de 70 años, yo creo que hasta los 50, pudo emprender las 3 tareas con relativo éxito. y lo hizo no gracias a los gobiernos de la República sino gracias a la sociedad que en su conjunto alcanzó a detectar y a percibir la educación como la palanca de desarrollo y de certeza de que sus hijos tendrían los elementos para discernir y optar en la vida de acuerdo a criterios absolutamente inobjetables.

Hoy en día y desde hace muchos años, probablemente 20, la educación pasa por un momento especial, que deriva de los siguientes factores:

La cobertura.  Ayer estuve con quienes dirigieron el INE, desde 2002, cuando el Presidente Fox creó el INE y los 3 directores: Don Felipe Martínez Rizo, doña Margarita Zorrilla y don Mario Rueda, me hicieron una amplísima explicación de por qué no podemos ser absolutamente condenatorios o absolutorios en relación al Sistema Educativo en su conjunto. Se han hecho muchas cosas, pero la demografía ha exponenciado el reto.

Cuando fui con el Señor Presidente de la República a Uruguay para ver el tema de las computadoras en quinto y sexto año de primaria, me decía el Presidente Mojica –y se refirió a mí porque le hice la pregunta--, nosotros llegamos a esto después de que en 2005 el presidente Tabaré Vázquez diseñó el programa CEIBA, se llamaba primero y ahora CEIBAL.

Y después de mecanismos de ensayo error, logramos por fin digitalizar la educación, quinto y sexto de primaria y la secundaria y le pregunté:  ¿ Cuántas computadoras tiene usted hoy en función?  Cubro el 100 por ciento de la matrícula, 560 mil.

En México 4 y medio millones son los que van sólo a quinto y sexto. Entonces esto da una idea, primera, de por qué ha habido rezagos, omisiones y a veces ciertamente ausencias del Estado en materia educativa y de otros actores del proceso educativo.

En segundo lugar:  Hemos realizado una serie de cambios a profundidad pero a veces se nos han quedado –voy a ser muy claro en esta reunión y frente a los medios—se nos han quedado en el camino.

El acuerdo de modernización de 1992 descentralizó la educación;  ¡sí!, pero sólo en parte. No dejó que los estados asumieran la titularidad de la responsabilidad y la relación laboral, ni tampoco que intervinieran, como en otros países del mundo, bajo un piso de homogeneidad doctrinal, con especificidades propias que la educación demanda, de acuerdo al carácter multirregional y pluricultural de México. Tampoco ahí estamos al día. Es algo que nos falta hacer.

En tercer lugar, las reformas, si no son contradictorias se han venido dando con un enfoque remedial, es decir, son parches. No hay una visión de conjunto de lo que queremos que sea el sistema educativo.

Don Felipe nos decía ayer en la comida:  ¿Cómo va usted a evaluar al maestro, si no sabe qué tipo de maestro quiere?  ¿Cuál es el perfil que la Secretaría demanda que cubra el maestro?

Y otra intervención de Margarita: ¿No le parece a usted injusta la evaluación homogénea, que valga lo mismo para Chiapas que para el Distrito Federal?

Y otra más de don Mario: ¿Y ustedes creen que evaluar es sólo calificar al maestro y no es calificar la infraestructura, y no es calificar la cobertura porque si no, llegaríamos al extremo de decir:  los maestro educan bien, pero sólo al 15 por ciento y, en consecuencia, la calificación del sistema educativo sería bajísima.

Entonces estos retos de crecimiento, justicia, regionalización, federalización y revisión de los contenidos de estudio para que también hagamos un ejercicio del perfil del muchacho que queremos, de la joven o del joven que queremos lograr que emerja del tramo obligatorio de la educación que es hasta media superior, lo tenemos que lograr y no sólo es con esta reforma como lo vamos a tener sino con mucho trabajo y con un ejercicio de colaboración con los integrantes de las dos Cámaras del Congreso de la Unión.

La currícula se revisa cada rato. Y a cada rato, vuelvo a insistir, hace 20 años.

El señor ex secretario Reyes Tamez me hizo llegar un documento muy valioso, de una observación a la que llegó como conclusión después de su paso por la Secretaría de Educación: Estamos saturados de programas que no rinden frutos reales para el estudiantado, es decir, tenemos 17 programas que se imparten en primaria:  Escuela higiénica, educación contra la obesidad. Yo no voy a ponderar los méritos de cada uno de ellos. Simplemente relato el fenómeno que Reyes Tamez me comentó:

¿Saben cuánto le cuesta a México la impartición de esos 17 programas?  19 mil millones de pesos, es decir, casi 3 veces el presupuesto de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

¿Y cuál es el saldo en rendimiento escolar para el muchacho?  ¡Nulo! ¿Por qué?  Porque estamos exactamente haciendo lo que la pedagogía moderna dice que no hay que hacer:  volver enciclopedistas a los muchachos.

El constructivismo pedagógico hoy día señala que al niño hay que enseñarle a aprender. Y nosotros estamos en otra orientación, diciendo que al niño hay que dotarlo de cuantos datos sean necesarios, para que pueda llevar una vida razonable y pueda acceder a los objetivos que cada quien en lo personal se fija.

Y esta es una disyuntiva que hay que resolver, no en esta, pero en otras reformas que seguramente vendrán y que tendremos que construir, en beneficio de los maestros y de los niños de México.

Y alguien más agregaba: ¿Y los padres de familia, su interés en las escuelas, su intervención en el fortalecimiento o reforzamiento de hábitos como el de la lectura, no son importantes?  Obviamente sí, pero no en todos lados se puede dar por igual porque hay padres de familia que el único tiempo que tienen lo destinan para que sobreviva la familia.

Entonces un sistema escolarizado que sólo atienda a un patrón homogéneo, va a ser lamentablemente un sistema que deje huecos, que genere rezagos, o que no resuelva las carencias que se han venido acumulando durante años.

El Presidente de la República señaló, como tercer eje de su Gobierno, que México debe ser un país con educación de calidad y ustedes los legisladores hicieron una reforma a la Iniciativa al agregar que la educación que imparte el Estado –y la que imparta cualquiera-- debe ser de calidad. ¿Por qué?  Porque es un derecho humano fundamental y se debe dar en las mejores condiciones para el educando, pero también para el maestro.
Surgen muchísimos problemas que no voy a relatar aquí sino como anécdotas en la revisión de este sistema educativo que hoy venimos sufriendo y, a veces, disfrutando los mexicanos.

Hoy, al asistir a la comida de inauguración de actividades del Fondo de Cultura Económica se acercaron dos filósofos y me dijeron: oiga, muchas gracias porque ya supimos que usted ha decidido que vuelva la Filosofía al bachillerato.

Pues claro, nos la quitaron quién sabe por qué, pero la Filosofía, a mi juicio, a mi modo de ver en aquellos elementos preliminares, pero básicos, servían para formar el criterio del educando, tenían obviamente la posibilidad de fortalecer su capacidad de lógica, de deducción e inducción y de argumentación y entonces los capacitaba más para llegar a la educación superior.

O bien, otro tema totalmente distinto, ¿por qué están evaluando los señores diputados y los senadores a todas las escuelas públicas y no a las privadas, esas se escapan de la evaluación? ¿Para esas hay otra Constitución? Ustedes saben los que son los REVOES, el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios. Desde hace muchos años no se revocan, muchos años, de tal manera que uno puede ir de más a menos sin que intervenga la autoridad para decir: esta escuela ya no educa, se volvió negocio.

Y yo creo que es algo que también tendremos que resolver en la legislación, aquí sí en el tema de evaluación, porque no es posible que los mexicanos que están en la posibilidad de una escuela privada puedan ser sujetos de un fraude monumental, sin que la autoridad ni siquiera intervenga en defensa de ese derecho humano.

Ciertamente la Secretaría es en este momento una Torre de Babel. Revisamos todos los acuerdos, todas las circulares, todos los reglamentos para poder encontrar e el fondo de ellos, aquella parte de verdad que nos ayude a sustentar un modelo de sistema educativo válido para todos los mexicanos, no por su  homogeneidad sino por la misión de la realidad mexicana. Sólo así  podrá ser efectivo el sistema educativo en México.

Entrando en la materia, se reformaron, como ustedes se sirvieron hacer y los señores diputados y las legislaturas de 23 estados, aunque se ha agregado un  par más, los artículos 3º y 73 de la Constitución y en el 73 se reformó la fracción tercera y la fracción novena y además hay por ahí dos artículos transitorios que contienen también disposiciones que son muy importantes.

Paso a presentarles más que una respuesta, un mapa de las preguntas que nos hemos hecho en relación a esta reforma.

Primer punto, ¿de qué estamos hablando, de un sistema nacional de evaluación o de un sistema profesional de docentes? Esto es muy importante porque dependerá de la actividad legislativa el resolverlo en la discusión que ustedes hagan del tema. Yo he cambiado posición, inicialmente creí que todo iba en un solo paquete y me han advertido que son dos cosas totalmente distintas. La evaluación la va a  hacer un órgano que es autónomo constitucionalmente, que debe reglarse por una ley y que va a evaluar más allá del maestro con los argumentos que les acabo de dar. No sólo es evaluable el maestro, es evaluable la infraestructura, es evaluable la participación de los padres de familia, son evaluables los hilos directivos del sistema.

Segundo, también hay que cambiar y esto es muy, muy importante, el modelo de educación. Habrá quienes sigan creyendo que al maestro hay que evaluarlo como hasta ahora se ha hecho y desde hace 30 años. Insisto, esto no es reciente, al maestro se le evalúa por resultados administrativos, no por rendimiento escolar de los alumnos, entonces se le evalúa por si rindió los 18 documentos que debía rendir, por si llenó las 412 preguntas que se le mandaron desde la Dirección o desde la Supervisión o desde el Departamento, etcétera y no tenemos un cabal acercamiento al rendimiento escolar. Se nos fue perdiendo, por eso, por estas razones creo que la evaluación tiene que ser un capítulo aparte.

El INE y sus facultades tienen que ser reglamentados, es a lo que voy, por una ley, la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Evaluación para la Educación y usted fue de los que me convenció cuando estaba yo en la tesitura de una sola ley y tú también.

En segundo lugar, tenemos que crear la otra ley, que no se refiere sólo a educación, perdón, a evaluación, la Ley del Servicio Profesional Docente. Tenemos que crear, como algunos de los que estamos aquí participamos en la reforma del 96 con la creación del Cofipe, un sistema profesional especializado, ¿para qué?, para llevar a cabo la educación, ese es el segundo propósito de la reforma y a él nos tenemos que circunscribir y cumplir los plazos atingentemente, es muy importante que consideremos que estas dos vertientes están unidas, pero no son lo mismo ¿y  cuál es el link, cuál es la base, el articulado que las vincula? La Ley General de Educación que también tendrá que ser reformada, ¿para qué?, para considerar que los sistemas evaluatorios del INE deben ser obligatorios para que el aparato educativo haga las evaluaciones correspondientes, las cuales tendrán un peso específico en la evaluación del docente.

En esto se resume, en mi opinión, lo que hasta aquí llevamos y lo envió el Presidente de la República y lo que apoyaron los partidos políticos firmantes del Pacto por México.

Ciertamente y yo quiero no continuar con esta exposición porque he dicho lo que creo ilustra los problemas que tenemos en la Secretaría y escuchar de ustedes sus preguntas, sus propuestas que seguramente enriquecerán a la dependencia.

Miren, otro tema que hay que abrirlo, ya no se puede en México dejar de transparentar nada, las ternas para integrar el INE. Ayer los señores que ocuparon y que ocupa Mario, la dirección del INE me decía: mire, no se vayan a ir con un solo perfil, tiene que haber un conocedor de evaluación, uno o dos, pero también tiene que haber uno que sepa de todo el sistema educativo global, en fin, de tal manera que no vaya a ser un organismo que resulte inútil porque tenga cinco evaluadores, los mejores del país y nada más.

Segundo, también tiene que tener a cinco gentes que no sólo tengan un esquema, un currículum variado sino que cubran los distintos niveles. No es lo mismo evaluar en jardín de niños, que evaluar en primaria o evaluar en básica o media superior.

Yo no sé si saben ustedes y con esto cierro mi intervención, abundando en esta recomendación que me hicieron quienes han ocupado la responsabilidad desde 2002 en el INE, yo no sé si sepan ustedes que se dictó hace un tiempo el acuerdo  648 de Evaluación de Educandos en el Sistema Nacional.

Pues ayer tuvimos una reunión con todos los señores secretarios del país y acordamos, salvo dos o tres intervenciones que me merecieron el máximo respeto y que la maestra Alba, subsecretaria de Educación Básica va a discutir con los participantes, se van a derogar tres cosas: el acuerdo que se aplicaría a partir de este mes de julio señala, primero, que son evaluables con las calificaciones de insuficiente y suficiente los niños de 4 y 5 años del jardín de niños, ¿ustedes saben el daño que originaríamos si aplicamos ese criterio? Hay quien discute que es necesario evaluar y hay quienes creemos que el muchacho de cuarto y quinto apenas está mostrando en el aula las destrezas y habilidades que se desarrollarán en los primeros años de la educación primaria.

Segundo punto que vamos a derogar o abrogar, los tres primeros años de primaria, dice el acuerdo, no habrá reprobados, excepto que haya consentimiento expreso de los padres de familia. Discúlpenme la ironía, no imagino padres de familia haciendo cola para que reprueben a sus hijos, porque a juicio de ellos no logró cada muchacho adquirir el perfil correspondiente.

Entonces, nosotros vamos a decir en el nuevo instrumento de evaluación que para nosotros el primero y segundo año de primaria es una unidad en donde las habilidades fundamentales son la destreza para leer y comprender y la habilidad para escribir. Si en segundo año el niño no adquirió esas destrezas, no podemos promoverlo, porque de otra suerte va a venir arrastrando una suerte de incapacidad que no lo va a hacer apto para seguir cursando la educación primaria.

Y otro tema que ha sido muy discutido por maestros muy destacados en uno y otro sentido es el tercer punto. Dice el acuerdo: se entregará en el último año de secundaria una cartilla de educación básica y ya no va a haber certificados de primaria. Nada más esto sería ideal si los 100 niños que salen de primaria entran a la secundaria, pero como nada más entran 88 y de esos 88 no acaban todos, yo me pregunto: y quién va a certificarle al niño, incluso para poder cumplir ciertas demandas que el mercado laboral reclama, que terminó la primaria.

Hay quien dice que le estamos quitando al niño un incentivo para que concluya, no es un tema de incentivos, es un tema de otros condicionantes del sistema educativo. La economía, por ejemplo, en el hogar que hace que el niño no pueda llegar hasta el último grado de la educación básica, entonces ahí nosotros vamos a volver a los esquemas del certificado y no la cartilla, yo no entiendo qué cartilla. Alguien decía que es como cartilla de salud, no,  pues no. Esta es una acreditación jurídica de que se han cumplido requisitos al pasar de un nivel a otro y forma parte también de este gran debate que traemos en el tema educativo.

La reforma no ha sido publicada, yo creo que lo será muy pronto y, en este sentido, tendremos que tener en 60 días las cinco ternas para la integración del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación y en 180 días que si los agotamos nos llevarían hasta agosto, la ley reglamentaria.

Sólo quiero decirles que de una lectura cuidadosa de la Constitución reformada por ustedes, se señala que el plazo de 180 días no es para mandar la iniciativa, es para tenerla aprobada, entonces si ocupamos mucho tiempo, los vamos lamentablemente a comprimir y yo les hago el compromiso aquí de que eso no va a pasar, de que nosotros estamos trabajando con toda intensidad para que ustedes disfruten de un periodo holgado de reflexión, para mejor proveer a esta reglamentación, o sea, no vamos a mandar al cuarto para las doce una iniciativa sino que estaremos primero, yo se los ruego, en permanente contacto con quien ustedes deseen y, en segundo lugar, poder enviar un documento que tenga asideros de consenso por parte de los partidos para que pueda ser de más fácil discusión en el seno de cada Cámara.

Yo les agradezco mucho su atención y mis colaboradores y yo estamos atentos a sus indicaciones.

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