Senado de la República

COORDINACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Versión estenográfica de la Sesión Solemne del Senado de la República, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, que encabezó la senadora Mónica Fernández Balboa, presidenta de la Mesa Directiva.


SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Se abre la Sesión Solemne.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, un día para luchar por la igualdad, la participación y el empoderamiento de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad.

La fuerza que consigue un movimiento de mujeres en todo el mundo, traspasa fronteras, diferencias culturales, económicas, ideológicas y de cualquier tipo. Las mujeres unidas, tenemos el poder de cambiar el mundo y lograr la igualdad.

También, se unen muchos hombres a la causa, porque la igualdad de género beneficia a toda la sociedad. Hasta que no se consiga una igualdad de género efectiva, se seguirá celebrando el Día Internacional de la Mujer.

De conformidad con lo dispuesto en el acuerdo, tenemos una ronda de intervenciones de los grupos parlamentarios, y una participación del senador sin partido, Emilio Álvarez Icaza, previa a las antes mencionadas.

En consecuencia, se le concede el uso de la palabra al senador Emilio Álvarez Icaza, hasta por cinco minutos.

Mientras llega el senador, quiero decir e informar a este Pleno, que hoy nos acompaña la senadora Katia Ávila, secretaria de la Mesa Directiva; la senadora Verónica Delgadillo, secretaria de la Mesa Directiva; la senadora María Guadalupe Saldaña, secretaria de la Mesa Directiva; la senadora Nancy de la Sierra, secretaria de la Mesa Directiva; la senadora Verónica Camino Farjat, secretaria también de la Mesa Directiva; la senadora Martha Lucía Mícher Camarena, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género.

Y, también contamos con la presencia de la senadora Guadalupe Murguía, que en estos momentos tuvo que salir un instante.

Se concede la palabra al senador Álvarez Icaza.

SENADOR EMILIO ÁLVAREZ ICAZA: Gracias, Presidenta. Buenos días, estimada Asamblea.

Acudo a esta tribuna, profundamente conmovido, profundamente impactad, profundamente interpelado con lo que pudimos ver el pasado domingo, el pasado lunes, que son expresiones cumbre de un proceso social que se ha vivido en décadas.

Nunca habíamos visto la magnitud de un 8 de marzo, como el que vivimos el domingo pasado, y una expresión extraordinaria de alegría, de fuerza, también de rabia, pero sobre todo una juventud de mujeres que arrolló las calles.

El lunes, sentimos con una fuerza brutal, el peso de la ausencia de nuestras compañeras. El Senado estaba casi vacío, la ciudad, el país casi vacío. Se sintió con muchísima fuerza la presencia de su ausencia.

Y, me parece que eso nos debe llevar a repensar, una vez más, nuestros términos de relación.

La fuerza que ha mostrado el movimiento de mujeres, el movimiento feminista, y lo he dicho ya en esta tribuna, es imparable. En mi opinión, el feminismo es el movimiento social más exitoso en los últimos 50-60 años; y toca ahora el momento de retomar la idea de la transformación de nuestras relaciones, toca con mucha fuerza repensar la cotidianeidad en nuestra oficina, en nuestra casa, en nuestra escuela, toca repensar nuestras relaciones.

Pero, creo, toca hacer una autocrítica de cómo hemos construido nuestra masculinidad.

Creo, toca, sí, repensar nuestros silencios cómplices cuando en la oficina se cuentan chistes machistas y nos quedamos callados; creo, toca repensar nuestros silencios cómplices cuando se le falta el respeto a una mujer y no decimos nada.

Creo, toca repensar la relación aquella donde sabemos que está habiendo una situación de acoso a una compañera de trabajo y no decimos nada.

Podemos haber hombres solidarios con la causa de las mujeres, pero nuestro silencio y nuestra conducta puede ser cómplice de las estructuras de violencia, y por eso creo que los hombres tenemos que repensarnos.

Y creo que también tenemos que repensarnos el no reproducir los estereotipos que están descalificando este movimiento de mujeres. Han sido atacadas, calificadas, señaladas de expresiones absolutamente ofensivas; y me parece, por eso, que nosotros podemos jugar un papel de acompañar, de estar atrás, de respaldar, pero sobre todo de repensar.

Senadora Presidenta, senadora presidenta de la Comisión de Género, yo les pediría de la manera más atenta, que nos ayuden a hacer talleres de masculinidad en el Senado.

Tenemos que repensarnos los hombres, tenemos que repensar la masculinidad, senadora Presidenta.

Creo que sería muy importante que senadores y compañeros del Senado pudiéramos tomar aquí, con la Unidad de Género, talleres para repensar la masculinidad.

Creo que ese sería un mensaje muy poderoso, porque tenemos que repensarnos y tenemos que unir nuestras voces al liderazgo de las mujeres. Lo digo así, al liderazgo de las mujeres, para resignificar aquella construcción que no esté basada en las violencias y que no ayude a reproducir los estereotipos que descalifican.

Me parece que no es aceptable, cuando se reproducen estos conceptos como feminazis y algunos otros más; porque miren, compañeros, se ha tachado de violento a este movimiento, nada más que tengamos en claro una cosa ¿eh?, el feminismo no ha matado a nadie, el feminismo no lleva un sola vida. Al contrario, a las mujeres se les mata por el solo hecho de ser mujer.

Cada vez que se quiera decir que esta es una expresión violenta, nada más recordemos que el feminismo no ha matado a nadie, que nos está desafiando, interpelando y cuestionando nuestras relaciones y que tenemos que hacerlo.

Afortunadamente, esta ola violeta, esta ola verde no tiene marcha atrás.

Afortunadamente tenemos compañeras en el Senado que nos representan con dignidad, con inteligencia y con capacidad, y que me siento absolutamente representado en ellas y muy orgulloso de ellas.

Muchísimas gracias a las mujeres, sobre todo a las jóvenes, que nos están dando una lección más de dignidad, que nos interpelan y desafían porque es momento de repensar nuestros mitos, nuestros ritos y nuestros símbolos para construir una sociedad paritaria, igualitaria, que hoy las mujeres nos demandan, nos enseñan y se merece.

Muchísimas gracias por su atención.

SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Gracias, senador Emilio Álvarez Icaza.

Tiene ahora el Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática, en voz del senador Miguel Ángel Mancera Espinoza.

SENADOR MIGUEL ÁNGEL MANCERA ESPINOZA: Permiso, Presidenta.

Compañeras senadoras, compañeros senadores:

“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Rosa Luxemburgo.

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer, instituida por la Organización de Naciones Unidas en 1975, es una oportunidad para sensibilizar a todos y a todas, a todas las sociedades, a todas las comunidades y, por supuesto, para tomar muy en serio los retos que tenemos delante, en el objetivo de una sociedad igualitaria.

De esta forma, la ONU ha señalado que en 2020 esta conmemoración tiene como tema principal “soy de la generación de igualdad por los derechos de las mujeres”.

La conmemoración, además de ser una oportunidad para reflexionar, nos plantea un corte de caja de los logros alcanzados con un documento importantísimo en la materia, me refiero a la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, la cual cumple 25 años y es considerada la hoja de ruta más progresista para el empoderamiento de las mujeres, las niñas y adolescentes en todo el mundo.

Asimismo, este año nos invita a reflexionar y a redoblar esfuerzos en el marco de los objetivos 20-30. De manera especial, en el logro del objetivo número cinco de Desarrollo Sostenible.,

Dicho objetivo no es otro que el de empoderar a las mujeres y promover la igualdad de género como herramienta fundamental para acelerar el desarrollo sostenible, así como para poner fin a todas las formas de discriminación contra mujeres y niñas.

Ello no es sólo o no se debe ver sólo como un derecho humano, sino tiene un efecto multiplicador en todas las demás áreas de desarrollo, es decir, en la iniciativa privada, en los gobiernos, en la academia.

También el 2020 nos da oportunidad de celebrar 10 años de trabajo dedicado y esforzado de ONU Mujeres, la agencia de Naciones Unidas destinada a fomentar el empoderamiento de todas las mujeres y la igualdad de género.

En suma, estas conmemoraciones pretenden llamar la atención de los medios de comunicación, de los gobiernos, de toda la sociedad, para dar a conocer problemas sin resolver que requieren de medidas urgentes y firmes para vencer los retos que tenemos en el objetivo de lograr una sociedad más igualitaria.

Nuestro país se ha pronunciado por la consecución de muchos objetivos. Hoy debemos reconocer que tenemos pendientes, como la brecha salarial, la erradicación de violencias que sufren mujeres y niñas en razón de género, la falta de apertura aún en espacios gubernamentales y de representación política.

Pero sin duda hay avances, avances en donde México puede hoy reconocer una ruta de seguimiento; así, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, la cual, sin duda, contribuye a la igualdad de género.

En este Senado de la República mis compañeras y compañeros han contribuido para avanzar en estos retos que México se ha planteado. Una muestra de ello es la importantísima reforma al artículo 41 constitucional.

Esta reforma, además de las disposiciones relativas a los procedimientos electorales, estableció que la paridad es un principio que debe regir de manera transversal en todo el quehacer público de los tres poderes de la Unión, en los tres órdenes de gobierno.

La reforma contempla que se observe el principio de Paridad de Género en los nombramientos de gabinete del Poder Ejecutivo Federal y sus equivalentes en las entidades federativas, órganos autónomos, organismos que no se renuevan mediante procesos electorales.

De igual manera fue un logro muy importante, compañeras y compañeros, la ratificación del Convenio 189 de la OIT, referente al trabajo decente para las trabajadoras del hogar, así como la reforma a la Ley Federal del Trabajo para garantizar sus derechos elementales.

Mención aparte merece el esfuerzo que se ha hecho aquí, en el Senado también, con la designación de ministras de la Suprema Corte, en coordinación con el Ejecutivo Federal, de magistradas electorales. Con ello hemos atendido el criterio de paridad y la necesidad de más mujeres en espacios de decisión.

Y en breve, compañeras y compañeros, no tengo duda, estaremos también mencionando la aprobación de una reforma a varios ordenamientos para combatir la violencia política.

Este tipo de logros son los que deben tener México de manera acelerada, no sólo la observancia de los compromisos internacionales.

Por ello, en esta ocasión, hacemos propicio refrendar el compromiso del Grupo Parlamentario del PRD en la consecución de la agenda de igualdad y paridad: el respeto a los derechos de las mujeres.

Participemos en la generación de la igualdad, busquemos que se cristalicen las demandas de mujeres como Elvia Carrillo Puerto, como Hermila Galindo, como Rosario Castellanos.

Y, por supuesto, de las mujeres, de las mujeres de este Senado, Presidenta, compañeras, de las mujeres de este Senado que han alzado la voz y que han dado un paso muy importante en esta agenda para México.

Mi reconocimiento y por supuesto aplauso, para mis compañeras en el Senado de la República.

Muchas gracias Presidenta. Es cuánto.

SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Gracias, senador Mancera.

Tiene la palabra la senadora Geovanna del Carmen Bañuelos de la Torre, del Grupo Parlamentario del Partido del Trabajo.

SENADORA GEOVANNA DEL CARMEN BAÑUELOS DE LA TORRE: Con su permiso senadora Presidenta.

Con el permiso de mis compañeras y mis compañeros senadores.

Somos mujeres, somos la resistencia. La Revolución, necesariamente debe ser feminista o no se da.

Como nunca antes, nuestro movimiento ha sido visibilizado, ha hecho eco en gobiernos, parlamentos, universidades, en la conciencia individual y colectiva. Las mujeres, ya no seremos de nueva cuenta silenciadas.

La estructura patriarcal que nos mata en las calles, escuelas, e incluso en nuestro propio hogar, a plena luz del día y con cualquier tipo de vestimenta, debe caer.

El machismo, que nos condena a una vida de violencia y abusos, debe acabar.

El acoso y la violencia que las mujeres recibimos en casa, en el trabajo y en la escuela, no debe, nunca más, ser tolerado, al contrario, tiene que ser exhibido y no quedar impune.

Si este país ha salido avante, ha sido en gran medida por nosotras y lo que pedimos es algo tan fundamentalmente básico que ni siquiera tendríamos que solicitarlo: respeto, respeto a nuestra vida, respeto a nuestra libertad, respeto a nuestra integridad, respeto a decidir, respeto a nuestra dignidad como mujeres.

Los derechos, lo sabemos, se votan, pero en las calles se conquistan, por eso marchamos el domingo, como lo hicieron las mujeres cuando les fue negado el derecho al voto y persistieron hasta obtenerlo en 1953. Lo seguiremos haciendo.

Debemos alzar la voz por Fátima, por Ingrid, por Abril, por las 10 mujeres y niñas que al día son asesinadas en nuestro país a causa de la violencia machista.

Continúan, créanmelo, desde el anonimato, exigiendo justicia. No debemos normalizar la violencia, codo a codo, somos mucho más que dos.

El pasado domingo 8 de marzo tomamos las calles; el lunes 9M, la Nación despertó y nosotras no estuvimos. Nosotras, que somos más de la mitad de la población de México, estuvimos en huelga, en paro, detuvimos el país como señal de protesta porque somos la resistencia, por la justicia, por la verdad, por nuestros derechos.

Anhelamos un país donde podamos sentirnos libres y seguras, donde podamos ejercer nuestros derechos a plenitud, sin miedo ni zozobra. Nos queremos todas y nos queremos vivas.

La igualdad entre hombres y mujeres tiene que materializarse, la violencia hacia nuestro género debe quedar en el pasado, para que este crimen atroz que resulta ser el feminicidio, jamás, jamás vuelva a ocurrir y no violente a una más de nosotras.

A todas las mexicanas les expreso mi reconocimiento y admiración. Siempre nos hemos destacado en nuestras luchas permanentes, desde distintos ámbitos, los ámbitos donde nos desenvolvemos. Siempre con la finalidad de mejorar las condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que nos rodean.

Desde esta tribuna, abrazo a todas las mujeres que salieron a exigir un freno a la violencia que nos está mutilando, que nos está asesinando. Su valentía inspira a seguir trabajando sin miedo para edificar un mejor país.

Todas, todas somos una sola voz, somos el poder femenino que nadie podrá callar.

Como bien señalan nuestras actuales luchadoras sociales, la revolución será feminista o no será.

Muchas gracias.

SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Por un ajuste interno del propio Grupo Parlamentario del Partido Encuentro Social, se le dará ahora el turno a ese grupo en voz de la senadora Eunice Renata Romo Molina.

SENADORA EUNICE RENATA ROMO MOLINA: Muchísimas gracias. Buenos días a todas y a todos. Con su permiso, Presidenta.

Este mensaje va para las niñas, para las mujeres jóvenes, para las mujeres indígenas, para las mujeres afromexicanas, para las mujeres con discapacidad, para las mujeres migrantes, para las mujeres adultas. Para todas.

Las mujeres representamos la mayoría de la población en nuestro país y, sin embargo, aún somos consideradas como ciudadanas de segunda; con limitado poder para incidir en la vida pública y privada, como consecuencia de la constante discriminación de la que somos víctimas en cada etapa de nuestra vida.

Además de esto, hay que sumar las diversas formas de violencia que sufrimos constantemente a lo largo de nuestras vidas, en los ámbitos familiares, laborales, docentes, comunitarios y políticos.

El 8 de marzo, cientos de miles de mujeres salimos a las calles a manifestarnos, y a decir que estábamos aquí; que estamos presentes y que somos millones las que exigimos un alto a la violencia, a todas ellas mi reconocimiento por las muestras de sororidad.

A las que decidieron hacer el paro el 9 de marzo, dejando claro que un mundo sin nosotras es un mundo vacío: mi agradecimiento. Y, a las que no pudieron parar, también estamos luchando por ellas.

Hoy desde este Senado y después de estos momentos de acción y reflexión, nos corresponde dar resultados. No nos podemos quedar inmóviles.

Es particularmente importante resaltar que la violencia contra nosotras ocurre en todos los espacios donde nos desarrollamos: ocurre en nuestros hogares, en las calles, en los centros laborales y en los centros escolares. Así como vergonzosamente, por parte de las autoridades encargadas de defendernos.

Aun cuando en algunas entidades federativas se persigue de oficio la mayoría de estos delitos contra mujeres, las autoridades optan por no investigar, por suspender el procedimiento o aplicar distintas penas que favorecen la impunidad.

Esto ha quedado evidenciado en los asuntos recientes, donde las autoridades encargadas de la procuración de los delitos, nos dejan en indefensión o peor aún, superando este obstáculo los juzgadores deciden poner en libertad a los agresores; permitiendo que la impunidad siga rebatando la vida de miles de mujeres en nuestro país.

Esta situación nos obliga a reconocer a la violencia contra las mujeres, como una forma extrema de discriminación, como una permanente violación a nuestros derechos humanos y una ofensa a nuestra dignidad.

Por otra parte, la respuesta del Estado frente a la violencia contra las mujeres no ha sido suficiente. Sí, debemos reconocerlo, debemos reconocer avances, pero también debemos reconocer esta carencia.

Como la promulgación de legislación protectora de los derechos, la etiquetación de recursos públicos para las dependencias de la Administración Pública y el Poder Judicial; la firma y ratificación de diversos tratados internacionales.

Necesitamos impulsar acciones que permitan enfrentar las consecuencias de la violencia de género, el apoyo y acompañamiento a las víctimas, las sanciones a los agresores y, lo más importante, prevenir y erradicar la discriminación, los prejuicios, los estereotipos que avalan y justifican la violencia contra las mujeres.

Requerimos una política de prevención que incluya políticas públicas, programas y acciones orientadas a reducir factores de riesgo que favorezcan la generación de violencia y delincuencia, así como combatir las distintas causas y factores que la generan.

La esperanza de un México mejor la encontraremos en todas nosotras, en todas las que con nuestras acciones diarias nos manifestamos en contra de la violencia y la discriminación.

Por todas nosotras, por todas ellas, hagamos esfuerzos, sumemos esfuerzos, porque la realidad es que hoy nos siguen matando.

Quiero decirlo fuerte y claro: ¡Primero las mujeres y luego las paredes! ¡Ni una menos!

Es cuanto.

SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Gracias, senadora Eunice.

Tiene ahora la palabra la senadora Alejandra Lagunes Soto Ruiz, del Grupo Parlamentario del Partido Verde Ecologista de México.

SENADORA ALEJANDRA LAGUNES SOTO RUIZ: Muchas gracias, Presidenta.

Compañeros y compañeras senadoras:

De acuerdo con el último Índice de Normas Sociales de Género de la ONU, el 90 por ciento de las personas en el mundo, hombres y mujeres, tienen prejuicios en contra de las mujeres; 90 por ciento.

Hoy tenemos un Senado paritario, pero en el mundo, de acuerdo con este estudio, aproximadamente la mitad de los hombres y las mujeres, consideran que los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres.

Más del 40 por ciento de la población mundial, opina que los hombres son mejores empresarios que las mujeres, y el 28 por ciento de las personas cree que está justificado que un hombre le pegue a su esposa.

Ante este escenario, y después de la histórica movilización del 8 de marzo y del Nadie se Mueve del 9 de marzo, lo que se pueda decir hoy desde esta Tribuna se quedará corto.

Lo que nos resta es preguntarnos: ¿Escuchamos a las mujeres? ¿Qué sigue?

Porque si lo hicimos, tenemos claro que hay que empezar por romper pactos patriarcales, por reconocer la autonomía de mujeres sobre sus cuerpos y sus vidas, por garantizar la igualdad salarial, por terminar con la división sexual del trabajo y por saldar la deuda que se tiene con el trabajo no reconocido de millones de mujeres; trabajo que sostiene esta y las economías del mundo.

Lograr estos objetivos pasa ante todo, y así de básico y exasperante es el reclamo, porque las mujeres dejen de ser violentadas y asesinadas por el sólo hecho de ser mujeres.

Los recientes feminicidios de Íngrid Escamilla y de Fátima, una niña de tan sólo 7 años, nos han puesto frente al horror de la violencia en contra de las mujeres, pero también ante la revictimización de la que medios y sociedad somos responsables.

Ante estas tragedias, podemos apuntarnos y señalarnos unos a otros como responsables, pero la realidad es que la emergencia de la violencia en contra de las mujeres nos alcanza a todas y a todos.

Nos ha faltado empatía o herramientas o imaginación o educación…

SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Me permite, senadora, perdón que la interrumpa.

Le quiero hacer un llamado respetuoso a todo este Pleno. Para nosotros es muy importante esta sesión y es muy importante escuchar el mensaje de cada una de las senadoras, de cada uno de los representantes de los grupos parlamentarios.

Les ruego silencio, les ruego poner atención y a los visitantes y asesores que están platicando en los pasillos, les pido por favor que se retiren porque estamos en una Sesión Solemne.

Continúe, por favor, senadora.

SENADORA ALEJANDRA LAGUNES SOTO RUIZ: Gracias, Presidenta.

Ante estas tragedias, podemos apuntarnos y señalarnos unos a otros como responsables, pero la realidad es que la violencia de la emergencia en conta de las mujeres nos alcanza a todos y a todas.

Nos ha faltado empatía o herramientas o imaginación, educación o respeto o escucha o voluntad o todo junto. Tenemos que hacerlo mejor, todos y todas.

Ese es también el resultado de una cultura machista, del patriarcado como sistema que lo ordena todo, desde los deseos de quienes importan, las miradas de quienes se imponen, los sueños de quienes vales, hasta quienes viven y cómo viven y quienes mueren y cómo. El resultado, nuestros cuerpos, como campo de guerra, como objeto de consumo y de desecho.

Y una vez más, las mujeres han tomado las calles con rabia, con coraje y con pañuelos morados. En el camino se han roto vidrios y puertas, pero también se rompió con el silencio y la indiferencia de la que muchas veces somos presa.

Si las cifras de feminicidio e historia como las de Ingrid, Fátima y miles más, no nos obligan a cuestionar nuestra responsabilidad individual y colectiva, frente a un sistema social e institucional machistas, para el cual estas muertes no parecieran servir más que de botín político, si no escuchamos el grito de rabia, dolor y justicia en las calles, si la lucha de las mujeres no nos conmueve, entonces no hay posibilidad de presente ni futuro para México.

Hace unos meses celebramos en el Senado la aprobación de la paridad en todo. Ojalá tengamos el valor, la humildad y la sororidad suficiente para que la presencia de mujeres en el poder y con poder se traduzca en transformar el poder mismo, para hacerlo menos violento y para construir un país en el que las mujeres y niñas puedan vivir sin miedo, sin violencia, donde sus voces sean escuchadas y sus contribuciones al mundo sean visibilizadas en todos los ámbitos, en el económico, en el político, en el social, en el cultural.

Nos necesitan, nos necesitan a todas, en toda nuestra diversidad, para enfrentar retos como la emergencia climática, la lucha por economías más humanas y resilientes; para establecer un sistema de gobernanza justo y equitativo.

Nos necesitan, en pocas palabras, para imaginar, crear y construir el futuro.

Muchas gracias.

SENADORA MÓNICA FERNÁNDEZ BALBOA: Gracias senadora Alejandra Lagunes.

Tiene la palabra la senadora Verónica Delgadillo García, del Grupo Parlamentario del Partido Movimiento Ciudadano hasta por cinco minutos.

SENADORA VERÓNICA DELGADILLO GARCÍA: Con el permiso de la Presidencia.

Este 8 de marzo miles de mujeres salimos a tomar las calles y a exigir lo que siempre hemos merecido: seguridad, igualdad y justicia.

El 9 de marzo, las mujeres en este país paramos. Paramos y se cimbraron los mercados, los negocios, las calles, los gobiernos. Paramos y se cimbraron las conciencias. Paramos y se cimbró México entero. Paramos y el sistema machista tembló.

Que no quepa duda de que durante estos días las mujeres mexicanas escribimos un capítulo muy importante de la historia de nuestro país y lo hicimos juntas, en clave feminista.

Este paro, compañeras y compañeros, fue un grito en la ausencia de que ya no queremos más violencia, de que ya no queremos que nacer mujer en este país sea nuestro mayor peligro.

Este paro funcionó para poder abrir una grieta en el sistema machista que nos ha sofocado y que todos los días nos roba nuestros sueños, nuestra esperanza y la propia vida, porque no tenemos que olvidar que todos los días en este país se asesina a 10 mujeres.

Nosotros nos ausentamos de manera voluntaria, pero ellas no regresan, todos los días una Fátima y 9 Ingrid pierden la vida y su ausencia, que no es voluntaria, dejará un vacío que nunca podrá llenarse.

Hoy, después de estos días históricos, muchas y muchos nos preguntamos qué sigue; sigue que sigamos luchando por nuestras mujeres, por todas, por las que ya no están.

Sigue que todos los días profundicemos esas grietas que ya abrimos y que tenemos que convertirlas en decenas, en miles de grietas porque más tarde que temprano lo vamos a tumbar.

¿Qué sigue? Sigue transformar ese sistema, tumbar ese sistema y, ¿cómo lo vamos a hacer?, no lo vamos a hacer con declaraciones, lo que sigue son acciones muy concretas.

Y aquí quiero hacer un llamado para todas las mexicanas y todos los mexicanos: regidores, la empresa privada, de la industria de los medios de comunicación, todas las personas de este país.

Tenemos que hacer lo que nos toca desde nuestras trincheras para transformar el sistema.

Por ejemplo, aquí, las legisladoras y legisladores tenemos que comenzar por garantizar lo que merecen todas las mujeres de México, que es igualdad, seguridad y justicia, sacar adelante todas las reformas necesarias y ya no postergarlas más.

Pero también necesitamos que las instituciones que son encargadas de impartir justicia en este país, hagan lo que les toca, es un llamado a las juezas, a los jueces, a la Fiscalía General, a las fiscalías de cada uno de los estados, que entiendan que en México se mata a una mujer porque se puede, se nos lastima porque se puede, porque en México no pasa nada, porque en este país la impunidad puede más que la justicia.

Este es un llamado a los medios de comunicación, a que nos ayuden a visibilizar la violencia y que también nos ayuden a romper los estereotipos de roles de género que se perpetúan todo el tiempo a través de sus medios.

Este es un llamado a las empresas que se sumaron al paro, para que paguen lo justo a las mujeres, para que reduzcan y eliminen la brecha salarial, para que les den oportunidades de liderazgo, que las dejen ejercer liderazgo, que mejoren sus condiciones de vida.

Este es un llamado para todas las mexicanas y todos los mexicanos, que modifiquemos nuestras actitudes, que dejemos de perpetuar violencia, que dejemos de ser indiferentes ante la violencia, que cambiemos nuestras actitudes cada día.

Este 8 de marzo, por primera vez, muchas mujeres salieron a las calles y otras tantas salimos acompañadas, por primera vez, de las mujeres que nos enseñaron a luchar: de nuestras madres.

Salimos millones de mujeres para demostrar que somos muchas las que, tomadas de la mano, vamos a transformar este país.

Y este 9 de marzo, las mexicanas paramos y todo México paró. Paramos para que todos vieran lo indispensables que somos las mujeres en este país y que México no puede salir adelante sin nosotras, y que México no puede salir adelante si nos sigue condenando a la injusticia, a la desigualdad y a la violencia.

Este 8 y 9 de marzo fueron históricos, fueron históricos porque millones de mujeres ya demostramos que no tenemos miedo y que no vamos a permitirlo mismo que antes.

Y quiero concluir mi participación con un mensaje para todos los hombres, y especialmente para el Presidente de la República.

El sistema patriarcal y machista en el que vivimos, que oprime a las mujeres, que nos lleva a vivir injusticia, desigualdad y violencia, también los lastima a ustedes, también los reprime a ustedes.

Tal como lo dice Clara Serra, una filósofa feminista, “el feminismo también es una oportunidad para que todos los hombres sean libres, que vivan lejos de los prejuicios y de los estereotipos que tiene nuestra cultura machista”.

Mire, Presidente, yo lo quiero invitar a que sea más libre y también lo quiero invitar a que deje de desprestigiar y de opacar la lucha de millones y millones de mujeres y, por supuesto, que deje de disputarse el protagonismo de la transformación de este país, porque el feminismo ya está transformando este país.

Señor Presidente:

Lo invito a que se ponga del lado de las mujeres, que se sume a millones y millones de nosotras para que, juntos, demostremos, juntas, que ya no vamos a permitir más violencia, que queremos un país justo, igualitario y libre.

Yo concluyo diciendo algo que no se nos olvide: la lucha feminista es la lucha para conseguir ese país que todas y que todos soñamos.

Ni una más.

Muchas gracias.

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