Senado de la República

COORDINACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Versión estenográfica del mensaje del senador Martí Batres Guadarrama, presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, durante la Firma del Acuerdo Institucional de Colaboración entre la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México con la Cámara de Senadores.

 

 

 

Bueno, ya fueron presentados y son muchos, así es que saludo en este caso especialmente a la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, presidenta del Consejo Honorario de Memoria Histórica y Cultural de México. Bienvenida.

 

También a la doctora Gabriela Pulido Llano, directora general de Memoria Histórica y Cultural.

 

Al maestro Eduardo Villegas, coordinador general de Memoria Histórica y Cultural, también.

 

Y a nuestra subsecretaria de Cultura, Natalia Toledo, también bienvenida.

 

Diputadas, diputados. Funcionarias, Funcionarios, muy buen día.

 

Decía hace un momento Eduardo Villegas que luego, cuando se nombra a los funcionarios que tienen que ver con los archivos, se considera que es un castigo. Pero miren aquí, del equipo que trabaja conmigo en la Mesa Directiva del Senado, el más contento es el maestro Juan Gerardo López; él se sintió realmente premiado, era el más eufórico cuando fue nombrado.

 

Es el maestro en historia, es experto en archivos y bibliotecas. Así es que ni mandado a hacer el cargo para él. Y la verdad es que ha tenido mucha iniciativa y, esta reunión es parte de esa iniciativa; así es que quiero no sólo saludar, sino reconocer el trabajo del maestro Juan Gerardo López, que tiene una gran pasión por la responsabilidad en la que está. Eso ayuda muchísimo a que las cosas salgan bien.

 

Cuando se cita la obra de Cicerón, donde se presenta la historia como maestra de la vida, pocas veces recordamos las ideas que la complementan: ser testigo de los tiempos, la vida de la memoria, el mensajero de la antigüedad.

 

Me detengo en esta última cualidad, el mensajero de la antigüedad. Podríamos así preguntarnos, como lo haría Dante Benjamin, ¿acaso los documentos que se resguardan en un archivo, no nos representan de alguna forma? ¿Acaso no contienen de algún modo aspiraciones e intereses que nos llaman a un compromiso con el presente?

 

Parece como si de pronto aquí reviviéramos el pulso de don Valentín Gómez Farías, aquí están sus documentos: Primer presidente del Senado de la República y primer impulsor de lo que hoy se llamaría pomposamente Reforma del Estado.

 

Al leer los documentos en que los senadores plantean sus ideas, reverberan las voces de quienes dieron vida a los primeros cuerpos de leyes y, por cierto, aquí encontramos algunas de las primeras propuestas de austeridad republicana, como la del senador Agustín Paz, quien en 1829 llamó a senadores, diputados y ministros a disminuir el cobro de sus salarios hasta que los soldados y los empleados del Gobierno hubieran podido cobrar los suyos.

 

Un antecedente de la austeridad republicana.

 

Quienes se conmueven al leer las cartas de las vidas que solicitan apoyos o la de la hermana de Fray Servando Teresa de Mier, que la pedía para mantener a un niño expósito que dejaron en la puerta de la casa del prócer.

 

Pensamos, por ejemplo, en la carta de 1848, por la cual el muy brillante Mariano Otero, uno de los padres del juicio de amparo, promovió que se trajera de Querétaro el archivo de la Cámara de Senadores a donde había sido llevado para salvarlo en el momento de la invasión de 1847.

 

El Senado requería de su memoria para funcionar, como hoy, necesitamos nosotros de ella.

 

También podemos admirar el reclamo de los senadores de 1853, ante la cancelación del Congreso por parte de Antonio López de Santa Anna, porque vivimos al Senado como un espacio de libertades y derechos.

 

La distancia entre el Senado y la sociedad ha variado en diversas etapas, pero tenemos documentos extraordinarios, como el recibido en el año de 1936, el de parte de Enrique Flores Magón, que reseñaba el papel que él, sus hermanos y compañeros del partido liberal jugaron como antecesores de la Revolución, y la manera en que fueron perseguidos por los gobiernos de Porfirio Díaz y a partir de 1911 por el gobierno de los Estados Unidos de América.

 

Él señalaba que, aún en día, su hermano Ricardo rechazó la propuesta de pensión que le ofrecía su antiguo camarada, el entonces diputado federal Antonio Díaz Soto y Gama, lo consideraba incongruente.

 

Algo parecido ocurrió cuando Enrique rechazó el ofrecimiento del mismo Díaz Soto y Gama, de trasladar los restos mortales de Ricardo en 1922, prefiriendo que fueran los obreros ferrocarrileros quienes lo trasladaran.

 

Sin embargo, para 1936, la correlación de fuerzas había cambiado en el Congreso y en el Ejecutivo, con la presidencia del General Lázaro Cárdenas. De modo que, ante el inminente término de los años que se habían pagado para que los restos de Ricardo Flores Magón permanecieran en una fosa en el Panteón Francés, Enrique consideró conveniente solicitar al Congreso que se decretara que el gobierno de Lázaro Cárdenas comprara la perpetuidad de aquella fosa, para que los restos del intelectual luchador indómito no fueran a parar a la fosa común.

 

Consideraba Enrique Flores Magón al Congreso y al gobierno, en aquel entonces, genuinamente revolucionarios e identificados con las causas populares.

 

Hoy, por cierto, al nieto de Enrique Flores Magón, Diego Flores Magón aquí presente, le entregaremos una copia de ese expediente, también para que lo tenga como parte de su memoria gráfica.

 

En una época en que estamos construyendo un nuevo régimen, mirar hacia el futuro sin dejar de ver el pasado es determinante.

 

Nuestra memoria nos lleva de la mano, muchas veces de manera natural, y nos permite aprovechar las fuerzas históricas del Estado. De ahí la importancia de retomar la preservación y difusión de la memoria de la Cámara de Senadores, que es una parte de la memoria del Estado nacional.

 

Ésta ha sido una institución trascendental en la construcción de la República.

 

Mañana entra en vigor la Ley General de Archivos, cuya Cámara de origen fue, por cierto, el Senado de la República.

 

Hemos asumido la responsabilidad de su cumplimiento, tanto por convicción como por el compromiso de preservar dicha memoria.

 

Como LXIV Legislatura, hemos estado haciendo un trabajo intenso para dar cumplimiento a la Ley General de Archivos, que nos permite contar hoy con las bases para la operación del Sistema Institucional de Archivos.

 

Esta Legislatura, iniciará la gestión y la administración electrónica de sus documentos, que son los documentos históricos del futuro.

 

De esta manera honramos la memoria del pueblo presentando en el Congreso, por espacio de casi dos siglos, su memoria y la preparamos para su preservación y su utilización por la sociedad.

 

Nuestra visión sobre el papel de las y los senadores en la memoria de la Nación, en el momento justo en que inicia la vigencia de esta Ley General de Archivos, recuerda precisamente aquella parte poco citada de Cicerón, “asumimos la responsabilidad de preservar y difundir el testimonio de los tiempos”.

 

De promover que los documentos sean asequibles a todas y todos como la verdad de nuestra Patria, de fomentar el acercamiento de la sociedad a su historia legislativa para potenciar la vida de la memoria.

 

Porque, así como los expedientes del pasado, que hoy nos apasionan esos papeles viejos, de los que hablaba Beatriz, nos traen mensajes de la antigüedad, nosotros queremos dejar mensajes para la posteridad.

 

Así, en los archivos del Senado, estarán, para los historiadores futuros y para cualquier ciudadana o ciudadano, las razones por las cuales habrá paridad de género en todos los órganos del Estado, las razones por las cuales se respetarán los derechos de maestros, alumnas, alumnos, padres de familia, madres de familia.

 

Quedará también, en esta Memoria, la transformación de la Guardia Nacional, que, como consta en estos archivos, fue el espacio donde próceres como Ignacio Zaragoza y otros, se formaron.

 

También, por otra parte, y quedarán en nuestros archivos, los documentos por los cuales ahora se ha decidido que haya democracia sindical con elección, por voto directo o personal, libre, secreto, de las trabajadoras y los trabajadores.

 

Ese será parte de nuestro legado a la posteridad y dentro de muchos años será, precisamente, los testimonios de la antigüedad.

 

Ese es el sentido que tiene firmar un Acuerdo con esta Iniciativa del Ejecutivo, en la que tiene un papel muy importante la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, apasionada de la Memoria de nuestro país.

 

Se está forjando una nueva historia, queremos que se forje un nuevo régimen, pues eso implica mirar hacia nuestro pasado y dejar lo mejor hacia el futuro.

 

Aquí estarán muchos documentos valiosos, aquí están muchos otros que lo son.

 

Por eso, fomentar la apropiación de la memoria de la institución senatorial por todas y todos los mexicanos es importante para o quien se dedique a la investigación, pero por cualquier ciudadana o ciudadano, también.

 

Así queremos que el mensaje de la antigüedad nos ayude a dejar hoy el mensaje para el futuro.

 

Muchas gracias por su atención.

 

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