Versión Estenográfica de la intervención del maestro Santiago Corcuera, ex presidente del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la ONU, durante el Foro “La justicia que México necesita: Mitos y realidades del Nuevo Sistema Penal Acusatorio”, organizado por el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República. 

 

 

 

MAESTRO SANTIAGO CORCUERA: En primer lugar, muchísimas gracias al Senado de la República por alojarnos para la realización de este foro y su organización tan importante, sobre un tema tan importante; particularmente a la doctora Mara Gómez Pérez, por considerarme para la participación en esta mesa.

 

 

 

Senador, muchas gracias por su hospitalidad. Doctor Amieva, siempre un gusto estar con usted, siempre recordaré con mucho agradecimiento la oportunidad que a través de Mar González me dio para coparticipar en la elaboración de la Ley contra la Desaparición Forzada para nuestra capital; y que sirva de ejemplo ahora que la Ley General está en la Cámara de Diputados para que por lo menos tenga los mismos estándares tan elevados que la Ley de la Ciudad de México tiene, y su apoyo y colaboración en ese tema, siempre lo recordaré con mucho agradecimiento.

 

 

 

Y mi amigo, el doctor Carbonel, un honor poder compartir la mesa con ustedes.

 

 

 

El tema de nuestra mesa es el combate a la delincuencia y el respeto a los derechos humanos. Claro, es un muy buen tema sobre un falso debate.

 

 

 

Como se sabe, existen algunas voces desde hace mucho tiempo, en donde con una visión completamente equivocada, catalogan a la humanidad en humanos y humanoides; en humanos y ratas; en humanos derechos y humanos chuecos. Y entonces, bajo esa falsa premisa, elaboran y construyen un argumento orientado al debilitamiento de los derechos de los delincuentes.

 

 

 

Y entonces, se dice que los derechos son de los humanos derechos, pero no de los humanos chuecos, porque entonces los humanos chuecos parecen humanos, pero no son humanos. O sea, exactamente el mismo discurso de Hitler, no se dejen engañar; estas personas que parecen humanas no son humanas y entonces son desechables y las podemos llevar al horno, ¿no?

 

 

 

Bueno, estas personas que aparentemente son humanas, en realidad no lo son porque están chuecos y entonces los chuecos no tienen derechos, y entonces a ellos ni justicia ni nada, si los torturan no importa.

 

 

 

Y los derechos humanos son de los humanos y no de las ratas. Estas personas o estos sujetos que parecen seres humanos, en realidad no son humanos, son ratas.

 

 

 

Ustedes dirán que estoy exagerando y que esto es simplemente unos juegos de palabras de un publicista que, si es el que estoy pensando, que fue el que le hizo la campaña a Montiel a favor de la pena de muerte, con estas argumentaciones y estos slogans publicitarios, que por cierto, si es el que estoy pensando no voy ni siquiera a pronunciar su nombre para no incurrir en el error.

 

 

 

Pero decía que si es el que estoy pensando, para desgracia de mi Universidad, fue a la excelente Escuela de Comunicación de mi Universidad, que es de las joyas de la corona de mi Universidad esa Escuela, pero se ve que no aprendió en lo más mínimo los principios humanistas que mi Universidad defiende, porque no entendió lo que es el ser humano, lo que es la dignidad inherente de la persona humana.

 

 

 

Y entonces, elabora estas teorías de división entre los seres humanos derechos y los chuecos, los que no cometen delitos y las ratas. Y ustedes dirán que exagero, que porque no es más que un slogan publicitario; pero tiene un trasfondo muy grave que permea en el inconsciente colectivo de las personas; al grado de que si un abogado defiende a un presunto delincuente famoso, es criticado por hacerlo; o si un abogado o un activista o un académico respalda la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el caso Cassez, entonces, este mismo publicista del que estoy pensando, escribe un artículo en un periódico y empieza a referirse a ella no como una mujer o como un ser humano, sino como una perra y otras cosas mucho peores que no me atrevo a mencionar, porque se caracteriza ese hombre por no ser muy elegante, ni siquiera en los artículos periodísticos que escribe; pero refiriéndose a ella como una perra, no como una mujer.

 

 

 

Esto es un falso debate, porque se parte de una premisa falsa. Todos los seres humanos son iguales en dignidad y derechos; así lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todos los tratados internacionales de la materia.

 

 

 

Así comienzan a hablar en el preámbulo, partiendo de la base de que todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos. Esa es la premisa de la que hay que partir y no de una premisa falsa de división de los seres humanos chuecos y derechos.

 

 

 

Si este es el debate que nos reúne en esta mesa al plantearnos el combate a la delincuencia y el respeto a los derechos humanos, la respuesta es que en primer lugar la delincuencia no se combate, diría yo, con todo respeto a quien propuso el título de nuestra mesa, porque sólo se combate a un ejército enemigo, y los delincuentes no son integrantes de un ejército enemigo.

 

 

 

Si se parte de la base de que los delincuentes, incluso organizados, son un ejército, claro, pues entonces se justifica el uso de las Fuerzas Armadas para combatirlos, pero eso genera una espiral de violencia.

 

 

 

No es porque lo digamos aquí por molestar a nadie, sino porque cualquier especialista, si uno lee todos los informes de los relatores especiales en materia de derechos humanos, los informes y conclusiones de todos los comités de la ONU en materia de derechos humanos respecto de cualquier país en donde un gobierno comete la equivocación de utilizar a las Fuerzas Armadas en labores policiacas, se genera necesariamente una espiral de violencia.

 

 

 

La mala decisión que tomó Felipe Calderón, en diciembre del 2006, para combatir al crimen organizado, lo estamos sufriendo en un tsunami de sangre en el que seguimos revolcados con más de 550 mil litros de sangre derramada, desde aquel entonces hasta hoy; más de 30 mil personas desaparecidas; decenas de miles de personas desplazadas; índices de tortura elevados en cientos por ciento, según estudios de la ONU y de Amnistía Internacional.

 

 

 

Y la causa de la causa es la causa de lo causado; por lo tanto, la delincuencia no se combate sino que se previene -como dice el doctor Amieba- primero. Y ya después, en caso de que se hayan cometido los delitos, entonces se procesan a los delincuentes con principios acordes con la dignidad del imputado, con respeto a los derechos de la víctima del delito, de acuerdo con el debido proceso legal.

 

 

 

No hay un enfrentamiento entre los derechos de la víctima y los derechos del imputado. Este es otro falso debate. Lo que pasa es que a veces se confunde a la justicia con la venganza.

 

 

 

La venganza no se obtiene con una sentencia condenatoria respecto de la persona que alguien cree que es la responsable. Si alguien que está seguro que esa persona es responsable se decepciona porque el Tribunal, después de haber operado de acuerdo con los principios del debido proceso legal, no la encuentra responsable, luego esa persona se para afuera del Tribunal con pancartas a decir que ese tribunal se equivoca y que la perra quedó impune, cuando no demostró su inocencia la perra.

 

 

 

Entonces, se le dice a la persona que dice eso: “Oiga, usted no entiende nada. Aquí lo que se tiene que probar es la culpabilidad, la inocencia se presume”. No podemos decir “Ah, es que no probó su inocencia, ¿cómo es posible que haya quedado libre?

 

 

 

No, el fiscal no logró probar la culpabilidad, señora; no nos trate de confundir con su falso debate. Y si lo que usted quiere es venganza, o tiene el padecimiento de la sed de venganza, su padecimiento no se cura en un tribunal de justicia, usted tiene que ir a un gabinete de psicoterapia a tratar su padecimiento de sed de venganza, no ir a un tribunal de justicia en donde lo que se logra, lo que pretende lograrse es la justicia, no la venganza.

 

 

 

Quien confunde a la venganza con la justicia, entonces cree que hay un debate entre la justicia y los derechos de la víctima y los derechos del imputado; entonces empiezan a justificarse actos como la tortura.

 

 

 

“Es que nada más porque lo torturaron no lo lograron declarar culpable”, nada más porque lo torturaron y le arrancaron a través de la tortura una confesión, cuando a lo mejor sí era cierto lo que dijo bajo tortura.

 

 

 

Pues son, señora, nuevamente, aunque sea cierto lo que haya dicho bajo tortura, si bajo tortura lo dijo, de acuerdo con los principios del debido proceso legal, esa declaración debe declararse fuera del expediente y si todo el expediente estaba basado en pruebas obtenidas a través de la ilegalidad y la violación de los derechos, pues el árbol se pudre y entonces la señora sale libre, ¿por qué? Porque todas las pruebas estaban podridas.

 

 

 

Y la frustración pude ser muy grande, pero no podemos bajo la pretensión de lograr lo que personas en la individual tienen como convicción, a pesar de o en contra de los principios del debido proceso legal.

 

 

 

Entonces, los derechos de la víctima y los derechos del imputado no están peleados, sino que sólo en apariencia y deben, como todos los derechos, porque no hay ni un solo derecho humano que sea absoluto, encuentran límites cuando se enfrentan a otros derechos y entonces hay que modular, igualito que pasa con la libertad de tránsito y la libertad de manifestarse en las calles. No se puede aniquilar un derecho sobre el otro, sino que se deben de modular.

 

 

 

Entonces, nuestro nuevo sistema de enjuiciamiento penal no es perfecto, sin duda, tiene carencias, una de las cuales, por ejemplo, que más me preocupa, es en materia de tortura, que el imputado regrese a custodia policiaca después de haber declarado, porque entonces ya no se le torturará antes y se le llevará ya declarado responsable ante el juez, como antes sucedía, pero el Ministerio Público, el acusador o el fiscal muy bien le puede decir, bueno, mira, ahorita no te voy a hacer nada y mientras declaras ante el juez no te tocaré ni un cabello ni con el pétalo de una rosa, pero recuerda que después de que declare regresarás a este cuartito en donde te estará esperando el general García-Crespo y el coronel Peñafiel, para castigarte si no declaras como se te dice que debes declarar.

 

 

 

Ese es uno de los puntos que a mí más me preocupan, que las instancias internacionales han venido insistiendo, que el declarante no debe regresar a custodia policiaca después de haber declarado o a custodia policiaca bajo el mando del acusador, que eso es lo malo, que regrese a una custodia policiaca de una policía que controla el juez, perfecto, pero si quien lo va a custodiar es un policía que le rinde cuentas a quien acusa, es peligrosísimo.

 

 

 

Esa, por ejemplo, sería una buena modificación que el Senado de la República pudiera tomar en cuenta, pero si de lo que se trata es de modificar al nuevo sistema para regresar al sistema de la Inquisición Española que teníamos hasta antes de la expedición del Código Nacional de Procedimientos Penales, pues yo les recuerdo a los señores senadores y señoras senadoras que tuvieran esa tentación de regresión que, si eso sucediera, estaríamos listos y listas para convencer, por ejemplo, a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos o a quien sea, para presentar acciones de inconstitucionalidad por violación al principio de progresividad, que también es llamado principio de no regresividad, respecto de derechos alcanzados en el nuevo Código Nacional.

 

 

 

Es decir, en materia de derechos humanos y en materia de derechos del imputado y de la víctima, atrás ni para agarrar vuelo, nomás adelante, aunque sea despacio, pero nomás adelante.

 

 

 

Entonces, no vayamos a caer en la tentación de, bajo el falso dilema de la puerta giratoria y de que la culpa la tiene el Sistema de Enjuiciamiento Penal de incremento en los índices de delincuencia, a regresar al sistema inquisitorial, porque sería sujeto a impugnación seguramente con éxito.

 

 

 

Entonces, yo les pediría: por favor no trabajen en balde, mejor las modificaciones que haya que hacer que sean progresivas hacia el mejoramiento del Sistema y no hacia la regresión bajo el falso dilema de los derechos del imputado, como si estuvieran peleados con los derechos de la víctima.

 

 

 

Recientemente publiqué un articulito en El Universal, en relación con el embate que ha estado sufriendo el Sistema de Enjuiciamiento Penal y el Sistema Nacional Anticorrupción, diciendo que, claro, pues estos aires de transparencia pues le dan, le pega el chiflón a quienes seguir con sus prácticas corruptas y entonces rechinan los dientes, porque ¡ay, qué barbaridad! Ahora resulta que ya no voy a poder seguir haciendo lo que quería y entonces critico al Comité de Participación Ciudadana y hago críticas ad hominem, cuando en realidad lo que me importa es que no funcione el sistema.

 

 

 

Y, luego la CONAGO, le echa la culpa al Sistema de Enjuiciamiento Penal, cuando la culpa la tuvieron ellos porque no usaron los recursos que se les dio para el entrenamiento de los jueces, el entrenamiento de los fiscales, la adaptación de los tribunales, porque no se puede tener un juicio de índole oral y adversarial en los tribunales a la antigüita, con la barandilla y el vidrio blindado.

 

 

 

Todo eso que no se hizo, no quiere decir que la culpa la tenga el Sistema. Es como si te entregan un avión hace ocho años, te dan el manual de operación, que es el Código Nacional, te lo dieron a lo mejor no inmediatamente después de la reforma constitucional, pero te dieron el manual de operación unos años después; tuviste años para prepararte en cuanto a la operación del avión.

 

 

 

Pero luego llega el día del despegue y el piloto no sabe operar el avión, la azafata no sabe dónde se abren las puertas, el mecánico no tiene la menor idea de cómo arreglar el avión si es que se descompone.

 

 

 

Entonces, ¿quién tiene la culpa? ¡El avión! ¿Nosotros qué culpa?

 

 

 

No, no. Ustedes tuvieron la culpa, quienes no se prepararon o a lo mejor muchos no tienen la culpa, porque no recibieron el entrenamiento que debieron haber recibido y que estaba a cargo de quien tuvo que haberlo suministrado. Pero el avión no tiene la culpa y aquí aplica el principio de nemo auditur propriam turpitudinem allegans, no será escuchado quien alegue en su beneficio su propia torpeza, su propia negligencia, su propio dolo.

 

 

 

Si no les está funcionando el avión, no es por culpa del avión sino porque sus operadores no saben usarlo. Entrénenlos, capacítenlos, no dar marcha atrás.

 

 

 

Ahora lo que necesitamos es tener que aguantarnos un tiempo en lo que aprendemos a usar el avión.

 

 

 

¿Se van a cometer errores? Sí.

 

 

 

¿A lo mejor alguno va a entrar a alguna puerta giratoria? Sí, pero ¿qué? ¿Por eso vamos a regresar a la inquisición española? Yo digo, no, por favor no. Mucho cuidado con eso, porque acuérdense que la impunidad no es nada más que el imputado que en efecto cometió la conducta salga libre, sino también es, y la cantidad de delitos que nunca se persiguen y la cantidad de casos en donde el responsable real del hecho no es encontrado responsable de derecho por algún error en el procedimiento o por algún error en la integración de la carpeta por parte del acusador o del fiscal, eso es parte de la impunidad, desde luego.

 

 

 

Pero también es parte de la impunidad la gran cantidad de personas inocentes que están tras las rejas. Eso también es impunidad, pero es una impunidad terrible, porque el imputado falsamente y encontrado responsable falsamente de un delito que no cometió está tras las rejas y el que lo cometió está libre. Esa es una impunidad mucho más perversa que la simple falta de castigo.

 

 

 

Acuérdense, impunidad quiere decir falta de castigo o ausencia de castigo, pero ausencia de castigo al responsable, no castigar al que no es responsable.

 

 

 

Nunca olvidemos eso. Aquel graffitti de aquel penal que decía “En este lugar maldito donde impera la tristeza, no se castiga el delito, se castiga la pobreza”, doctor.

 

 

 

Y desde luego, aunque es un falso dilema también vincular los índices de delincuencia con la pobreza, también debemos reconocer que la inmensa mayoría de las personas privadas de la libertad en este país son pobres, y eso no lo podemos olvidar porque es tierra fértil para la impunidad y para la justicia.

 

 

 

Lo que debemos de lograr es justicia, porque la justicia también es un derecho humano fundamental.

 

 

 

Muchas gracias.

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