Versión Estenográfica de la Sesión Solemne del Senado de la República para entregar, en el marco del Día Internacional de la Mujer, el reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto” a Gloria Ramírez Hernández, como homenaje a su labor en favor de los derechos humanos de las mujeres y de la igualdad de género.

 

 

 

SENADORA BLANCA ALCALÁ RUIZ: Con fundamento en el artículo 100-Bis de la Ley Orgánica del Congreso General, en los artículos 56 y 56-Bis del Reglamento del Senado, y en el decreto por el que se crea el reconocimiento Elvia Carrillo Puerto, damos inicio a la Sesión Solemne a fin de realizar la entrega correspondiente al 2017.

 

 

 

Damos la bienvenida al licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación.

 

 

 

A la magistrada Rosa Elena González Tirado, consejera de la Judicatura Federal.

 

 

 

A la diputada Gloria Imelda Félix Niebla y a nuestra galardonada, la señora Gloria Ramírez Hernández.

 

 

 

Agradezco también la presencia de los invitados que nos acompañan y de las invitadas que nos acompañan en esta Sesión Solemne: la licenciada Lorena Cruz Sánchez, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres.

 

 

 

Del licenciado Felipe Solís Acero, subsecretario de Enlace Legislativo y Acuerdos Políticos de la Secretaría de Gobernación.

 

 

 

De la maestra Norma Inés Aguilar León, cuarta visitadora de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

 

 

 

De la doctora Mónica González Contró, abogada general de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

 

De la doctora Ana Güezmes García, representante de ONU Mujeres en nuestro país.

 

 

 

De la señora Nuria Sanz, representante de la UNESCO también en nuestro país.

 

 

 

De la doctora Patricia Galeana, presidenta de la Federación Mexicana de Universitarias.

 

 

 

De la doctora Perla Gómez Gallardo, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.

 

 

 

De la licenciada Guadalupe Gómez Maganda, titular de la Unidad de Política de Igualdad de Género de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

 

 

 

Y de la licenciada Patricia Mercado, secretaria de Gobierno de la Ciudad de México.

 

 

 

Del mismo modo, de la maestra Adriana Fabela Herrera, consejera electoral del Instituto Nacional Electoral.

 

 

 

De manera particular queremos también extenderles la más cordial bienvenida a los integrantes de la familia de la doctora Gloria Ramírez Hernández, que acuden a esta Sesión Solemne.

 

 

 

Sean todas y todos bienvenidos.

 

 

 

En cumplimiento al numeral primero del resolutivo tercero del acuerdo aprobado, solicito a la senadora Ana Gabriela Guevara Espinoza, secretaria de la Mesa Directiva, dé lectura a la semblanza de la señora Elvia Carrillo Puerto.

 

 

 

SENADORA ANA GABRIELA GUEVARA ESPINOZA: Con gusto, presidenta.

 

 

 

Estimada audiencia. Honorable Asamblea:

 

 

 

Elvia Carrillo Puerto, una mujer yucateca, fue no sólo una clásica soldadera de la revolución; sino una mujer socialista a la altura de su tiempo y de las mejores mentes del momento.

 

 

 

También conocida como “la Monja Roja del Mayab”, por sus ideales socialistas, luchó incansablemente por la reivindicación de los derechos políticos de las mujeres.

 

 

 

Fue su dedicación al feminismo socialista, la bandera que enarboló cual religión socialista lo fue hasta la muerte.

 

 

 

Luchó siempre contra el fanatismo religioso y a favor del libre albedrío sobre nuestros cuerpos.

 

 

 

Nació en Motul, de Carillo Puerto, Yucatán, población situada a 44 kilómetros de Mérida, el 6 de diciembre de 1878.

 

 

 

Elvia Carrillo Puerto creció en una familia de clase media baja y ocupó el sexto lugar de trece hermanos. Estudió en una escuela secular ocupada de alumnos cuya lengua materna era el maya. En ese lugar demostró grandes cualidades intelectuales, logrando dominar el maya y el castellano.

 

 

 

Es durante su infancia que adquiere plena consciencia de las abismales desigualdades sociales que imperaban en la época, los actos de injusticia y de crueldad que presenció, se convirtieron en motor de su causa por cambiar las cosas. 

 

 

 

A ella le tocó ser testigo de los horrores de la esclavitud de la indígena maya. Además, entre los indígenas la mujer es aún hoy en día la víctima más indefensa.

 

 

 

Fue seguidora de una de las luchas sociales más importantes de la época en Yucatán y siguió a esta mujer llamada Rita Cetina Gutiérrez, periodista que fundó la sociedad feminista “La siempre viva”, identificada como una lectora ávida e incansable, abrevó en la biblioteca de la iglesia de su pueblo las ideas transformadoras de las mentes más brillantes de la época. Grandes mujeres pensadoras francesas, inglesas y estadounidenses de su época; mujeres pioneras y fundadoras del feminismo moderno.

 

 

 

A través de su propia realidad y del conocimiento que tuvo gracias a sus lecturas, identificó la necesidad de luchar contra la injusticia con la que las mujeres eran tratadas por los varones y la doble moral que había hacia ellas.

 

 

 

Siendo aún casi una niña, a los 13 años contrae matrimonio con Vicente Pérez, con quien tuvo un hijo, Marcial Pérez Carrillo.

 

 

 

Elvia Carrillo enviudó a los 10 años más tarde. Hecho que le otorga la mayoría de edad a los 23 años, en una época en la que la edad de la emancipación de las mujeres solteras se alcanzaba hasta los 31.

 

 

 

Viéndose en una situación precaria de trabajo, de maestra y escribana, además de continuar su lucha con la causa socialistas, Elvia, que desde niña vivió en una zona altamente poblada por indígenas mayas, era bilingüe y en sus clases enseñaba primero a leer y escribir en maya y después al español.

 

 

 

Defensora de los derechos humanos, comenzó a enseñar a sus alumnas la Constitución del país de su hermano Felipe.

 

 

 

Es en el ámbito educativo y ante el conocimiento directo que tiene de las desigualdades entre hombre y mujeres ante la ley, y que fue Elvia quien fundó a lo largo de una década ligas feministas campesinas y socialistas.

 

 

 

Al igual que el prócer Belisario Domínguez, fue víctima de persecuciones en su tierra natal por el gobierno de Victoriano Huerta, y años más tarde del gobierno de Venustiano Carranza.

 

 

 

Elvia para entonces era miembro activo del Partido Socialista del Sureste y se vio obligada a abandonar Yucatán y refugiarse en el Distrito Federal.

 

 

 

En el año de 1912 se trasladó a Motul, donde fundó la primera organización femenina de campesinas, la cual fue considerada la más importante por los numerosos contingentes que la integraban y por impulsar la incorporación de las mujeres en la política agraria, razón por la que aquellos que veían atentar contra su estabilidad y el conservadurismo de la época la calificaban de sufragista y bolchevique.

 

 

 

A partir de ese año en la liga feminista de mujeres campesinas se discuten los temas que giran al rededor del principio de que la tenencia de la tierra debe ser de quien la trabaja. Las jornadas de ocho horas, la liberación de todos los indios acasillados, la necesidad de construir escuelas rurales en todas las poblaciones y haciendas del estado, y de introducir en ellas el método de enseñanza racionalista, el problema del alcoholismo, la necesidad de educar a las mujeres, y sobre métodos modernos de contracepción y el amor libre.

 

 

 

Dedicó años intensos de su vida a luchar por la liberación de los esclavos mayas y la emancipación de las campesinas.

 

 

 

Su esfuerzo se encaminó al reconocimiento de la ley para que a las mujeres jefas de familia se les dieran garantías de los mismos derechos que a los hombres en la distribución de la tierra.

 

 

 

Su lucha trascendió fronteras locales, ya que no sólo se encargó de organizar grupos feministas de reflexión en Yucatán, sino que también lo hizo en la Ciudad de México. Esa lucha y esfuerzo le permitieron fundar más tarde como la Agrupación Femenina Liga Rita Cetina.

 

 

 

Fue la primera candidata de izquierda electa en el Congreso yucateco, cargó que desempeñó durante dos años y que tuvo que dejar ante la situación convulsa por la que atravesaba el estado y fue en 1923 que, acompañada por las feministas Gloria Emidea Rosado, y Susana Betancourt, ella asiste al Congreso Panamericano de Mujeres en la Ciudad de México.

 

 

 

Pequeña delegación yucateca, se destacó como la más radical del Congreso y no obstante que sus demandas sobre el control natal y amor libre fueron derrotadas.

 

 

 

Logró un consenso en impulsar el sufragio femenino. Este último se convertiría desde ese momento en el punto central de las demandas de todos los grupos feministas de México y el resto de América Latina.

 

 

 

Claramente influencia por los movimientos feministas que ya se desarrollaban en Europa y en Estados Unidos. Su actividad inalcanzable en la política la llevó a fundar en 1927 la Liga Orientadora Femenina Socialista, para atención a menores desamparados y madres solteras.

 

 

 

En 1931 funda la Liga de Acción Femenil, para luchar por los derechos políticos de las mujeres sin descanso y a veces de forma individual continúa su trabajo por alcanzar el reconocimiento a la ciudadanía de las mujeres mexicanas.

 

 

 

Prueba de la seriedad y dedicación a la causa feminista, Elvia Carrillo Puerto está el hecho de que ella será la única de las más prominentes feministas de la época, que seguirá luchando contra viento y marea durante las décadas siguientes para la obtención del sufragio femenino y la concientización de las obreras y campesinas mexicanas.

 

 

 

A pesar de la difícil historia y les tocó vivir, los presidentes Lázaro Cárdenas y Adolfo Ruiz Cortines reconocieron la lucha de Elvia Carrillo Puerto y le otorgaron premios como la Veterana de la Revolución.

 

 

 

Durante sus últimos años de vida, en diferentes instituciones de gobierno siempre luchó, instruyó en la causa de la igualdad, en el socialismo de las mujeres mexicanas, nosotras las mujeres mexicanas.

 

 

 

En 1967 Elvia Carrillo Puerto muere en la Ciudad de México a la edad de 90 años. Desde entonces se le reconoce como una revolucionaria socialista y feminista, que luchó durante toda su vida por los derechos de la mujer, de las indígenas, de las campesinas, las campesinas mayas de su estado natal y por las miles de mujeres obreras mexicanas.

 

 

 

Elvia Carrillo Puerto fue sin duda una mujer ejemplar.

 

 

 

He concluido, Presidenta.

 

 

 

SENADORA BLANCA ALCALÁ RUIZ: Gracias señora Secretaria.

 

 

 

Con fundamento en el numeral segundo del resolutivo tercero del acuerdo aprobado, se concede el uso de la palabra a la senadora Diva Hadamira Gastélum Bajo, a nombre de la Cámara de Senadores y como presidenta de la propia Comisión de Igualdad.

 

 

 

Bienvenida señora senadora.

 

 

 

SENADORA DIVA HADAMIRA GASTÉLUM BAJO: Muchas gracias presidenta.

 

 

 

Estimado Secretario, licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; gracias a la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, licenciada Gloria Imelda Félix Niebla; a mis compañeras senadoras; representante de la Suprema Corte de Justicia; a todas y a todos ustedes, muchísimas gracias distinguidas y distinguidos invitados.

 

 

 

Hoy en la mañana preguntaba por qué a Elvia Carrillo Puerto le llamaban la “Monja Roja”, no hay un relato como tal, pero hay una explicación muy clara:

 

 

 

Elvia Carrillo Puerto no profesaba una religión teológicamente hablando, pero tenía dos causas que la pintaban como religiosa, por eso le llamaban Monja Roja: el socialismo y la causa de las mujeres.

 

 

 

De Elvia Carrillo Puerto, como de muchas mujeres que han dado su vida por este país, que han luchado por la causa de las mujeres, poco existe escrito. Pero lo que hoy tenemos las mujeres es producto de grandes mujeres y algunos hombres, especialmente de Elvia Carrillo Puerto.

 

 

 

Y hoy nos ocupa entregar este galardón, este reconocimiento 2017 a una mujer que como Elvia Carrillo Puerto, tiene también una religión y es el feminismo.

 

 

 

Muchas gracias querida Gloria por estar aquí, estamos muy, muy contentos de que estés acá.

 

 

 

Hice una serie de analogías: Elvia nació en Yucatán; Gloria nació en Jalisco.

 

 

 

Elvia se declaraba socialista; Gloria internacionalista.

 

 

 

Elvia hablaba de la causa de las mujeres cuando no se usaba y no era permitido y Gloria ha hecho de su vida también el feminismo.

 

 

 

A la Monja Roja se le conoce como una gente exigente que habló de temas prohibidos, ayer y hoy también como el amor libre.

 

 

 

A Gloria se le conoce por cuestionadora; sus amigos así le llaman.

 

 

 

A la Monja Roja se le conoce porque cuando no se sabía nada de los derechos políticos de las mujeres, ella luchó por el derecho al voto y a Gloria se le conoce por ser precursora del Observatorio Ciudadano para las Mujeres.

 

 

 

A Elvia se le conoce por el tema educativo. Ella tuvo un gran trabajo en el área de educación.

 

 

 

A Gloria se le conoce por ser una persona que le da seguimiento al tema de la CEDAW, una carta de navegación muy importante para el mundo y especialmente para México.

 

 

 

Elvia luchó por los derechos de las mujeres indígenas, obreras y campesinas.

 

 

 

Gloria, estableció una plataforma virtual internacional sobre los derechos humanos de las mujeres.

 

 

 

Y pudiéramos pasar diciendo bastantes cosas de estas dos grandes mujeres, pero estamos muy orgullosos, muy orgullosas de que este premio se dé.

 

 

 

Y quiero invitar a la Mesa Directiva, a la Presidenta Blanca Alcalá y a toda la Mesa Directiva en Pleno, a que revisemos el Premio Elvia Carrillo Puerto.

 

 

 

Nosotros queremos un estatus igual que la Belisario Domínguez, lo merece el Premio Elvia Carrillo Puerto.

 

 

 

Y lo merece porque si Belisario Domínguez fue un hombre que dijo y puso las cosas en su lugar, Elvia Carrillo Puerto habló de las cosas prohibidas que valen la pena, que son los derechos de las mujeres.

 

 

 

Vamos a trabajar en este año junto con la galardonada para poder entregar a este Pleno una propuesta para que este Premio Elvia Carrillo Puerto se convierta en una acción afirmativa a favor de las mujeres de este Senado de la República y de todas las mujeres mexicanas.

 

 

 

Dos temas solamente quiero tocar: el tema migratorio.

 

 

 

Ayer escuchábamos cómo una de las ocurrencias más del Presidente Donald Trump hablaba de separar a los hijos de sus madres.

 

 

 

No es un tema sencillo. Si algo le falta inteligencia al Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, aquí creo que alguien le aconsejó que sería el tema migratorio más interesante arrancar a los hijos de su madre.

 

 

 

Pero tiene un gran fondo, porque las mujeres siempre hemos tenido sentido de pertenencia, siempre hemos luchado porque la base social sea fundamental.

 

 

 

Pero hemos trascendido más allá de la familia, hemos luchado por este país y desde aquí le decimos al Presidente de Norteamérica que él va a intentar una y otra vez separar a los hijos de sus madres.

 

 

 

¿Pero sabe qué señor Donald Trump? ¡Jamás las madres se separan de sus hijos!

 

 

 

Y quiero terminar, señor Secretario, estimados coordinadores, tengo que decirlo aunque tendremos una reunión posterior:

 

 

 

Hoy es un día de fiesta porque está Gloria aquí, porque recordamos a Elvia Carrillo Puerto, porque el mes de marzo es un mes emblemático para las mujeres.

 

 

 

Pero tengo que decirlo: hubo voluntad política, hubo voluntad e inteligencia para sacar un dictamen que muy pronto estará en este Pleno, que estuvo cuatro años ahí parado, buscando cómo lograr los consensos, que es lo que tiene que ver con la  violencia política por razones de género.

 

 

 

Hoy llega a este Pleno, ese es un paso muy importante, lo hemos dado entre todas y todos, y es preciso decir: el avance no lo podemos negar; pero el déficit que todavía tienen las mujeres mexicanas, las mujeres en política, es importante.

 

 

 

Vamos a seguir trabajando como Elvia Carrillo Puerto, como Gloria García, por dignificar la vida de las mujeres; porque la vida de las mujeres esté segura y por una frase que ayer me encantó en la marcha que se hizo en esta capital: “Vivas nos queremos”.

 

 

 

Muchas gracias, buenas tardes.

 

 

 

SENADORA BLANCA ALCALÁ RUIZ: Le solicito a todos ponerse de pie para el acto de entrega a la señora Gloria Ramírez Hernández, el reconocimiento Elvia Carrillo Puerto y del diploma correspondiente al año 2017.

 

 

 

(ENTREGA DE RECONOCIMIENTO Y DIPLOMA)

 

 

 

SENADORA ANA GABRIELA GUEVARA ESPINOZA: Sírvanse tomar asiento.

 

 

 

SENADORA BLANCA ALCALÁ RUIZ: Como lo dispone el numeral 3º del resolutivo 3º del Acuerdo aprobado para nombrar esta Sesión Solemne, hará uso de la tribuna la señora Gloria Ramírez Hernández.

 

 

 

En consecuencia, se le concede el uso de la palabra.

 

 

 

GLORIA RAMÍREZ HERNÁNDEZ: Licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación.

 

 

 

Licenciada Blanca Alcalá, presidenta de esta Mesa.

 

 

 

Distinguidas senadoras que nos acompañan.

 

 

 

Distinguidas y distinguidos senadores que nos acompañan en esta sala.

 

 

 

Distinguidas personas que integran esta Comisión de Honor y que hoy me acompañan y que me han acompañado muchas de estas personalidades en el camino.

 

 

 

Familiares, colegas, integrantes de organizaciones no gubernamentales, a todos agradezco su presencia.

 

 

 

Agradezco en particular a quienes hicieron el trayecto de venir a esta ciudad, de Nuevo León, Tabasco, Querétaro, Estado de México, Chiapas, Jalisco, Chihuahua, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Morelos.

 

 

 

Estoy aquí en esta tribuna ante ustedes y ese es un gran honor. Estoy aquí como mujer, como académica. Y estoy aquí desde luego como feminista.

 

 

 

Estoy, como ven, muy motivada porque todas las palabras que se han expresado y esta semblanza que hizo la senadora Diva, habló mucho. Y además muy emocionada con estas propuestas.

 

 

 

Saber que la violencia política se va a tipificar, es muy importante. Eso ha sido un obstáculo para el acceso de las mujeres a los derechos políticos. Y esto, hay que decirlo también, es fruto de múltiples sinergias, pero hay un papel importante que llevan las senadoras, las mujeres y muchas redes que las acompañan.

 

 

 

Estar aquí en esta tribuna ante ustedes es un honor, dado que se trata de un acto republicano, laico, que pone en alto la convicción democrática del país a reivindicar el principio de igualdad, en el cual hombres y mujeres tenemos los mismos derechos; ni más ni menos.

 

 

 

Recibir este reconocimiento sabiendo que personas y mujeres como Marcela Lagarde, Carmen Moreno Toscano, Rosario Medina han obtenido, es un gran honor, un compromiso y una responsabilidad.

 

 

 

México cuenta con mujeres que han abierto veredas y caminos y que han sembrado y cimentado una base normativa importante. Sin lugar a dudas hay avances, pero tenemos todavía mucho qué hacer.

 

 

 

Este reconocimiento del Senado es importante porque hace visible el papel de la mujer en la historia y en la reconstrucción de un México con un nuevo paradigma.  No el de la protección, no el de la tutela sino el del empoderamiento y la igualdad.

 

 

 

En este marco tuve el honor de estar en el mismo proceso con una destacada profesora que falleció y que quiero rendirle honor, la doctora Graciela Hierro.

 

 

 

También quiero recordar a Elena Urrutia, Eulalia Guzmán, Amalia Castillo Ledón, Rosario Castellanos, quienes son un referente importante y también a quienes hoy hacen y trabajan múltiples batallas, todas las mujeres de este Senado.

 

 

 

Pero también quiero recordar y reconocer a Marcela Lagarde, Patricia Galiana, Martha Lamas, Patricia Mercado, Teresita de Barbieri, María Elena Chapa, Gina Zabludovsky. Muchas mujeres que desde la academia sumamos a la defensa de los derechos de las mujeres.

 

 

 

Este reconocimiento no hubiera sido posible sin alianzas, sin alianzas y sobre todo sin llevar al lado compañeras y compañeros de organizaciones, de redes que suman, y en este sentido me siento muy honrada y agradezco a la Red de Investigadores por la Vida y la Libertad de las Mujeres, a CIMAC y a Cultura DH, el que me hayan postulado.

 

 

 

Soy consciente de la felicidad y de la inspiración que este premio puede ser para otras mujeres.

 

 

 

Me sorprende a mí misma el camino recorrido, desde que inicié la escolaridad siempre en escuelas públicas. No puedo dejar de recordarlo, no por mí sino por muchas niñas o mujeres que fuera de este recinto a veces pueden sentirse impedidas de crecer, de desarrollarse y sobre todo de soñar.

 

 

 

Cabe señalar que terminé mis estudios y al terminar los estudios secundarios había para mí un camino: O ser maestra o ser educadora. En la familia para los hombres era tener una carrera.

 

 

 

De todas maneras, como a mí me gustaba la educación, hice educadora y lo hice con mucho gusto. Lo hice, pero después tuve que trabajar para continuar mis estudios.

 

 

 

Hoy, este sueño muchas mujeres no lo pueden realizar. Para muchas todavía no hay otra opción que abandonar sus estudios para cuidar a los hijos o para salir a la calle para sobrevivir.

 

 

 

Como feminista, es un placer que el Senado reconozca el trabajo del feminismo académico; que sume esfuerzos. Que sume esfuerzos con el movimiento de mujeres, que sale del cubículo a las calles con las mujeres a las organizaciones para entender y superar los obstáculos de la igualdad.

 

 

 

Por eso vinculamos la teoría a la práctica y señalamos la importancia de contar con condiciones para el ejercicio de los derechos de la mujer.

 

 

 

En este sentido, el feminismo reivindica la perspectiva de género. El paradigma feminista, y hemos hablado de él, es una apuesta política pero es una forma de vida.

 

 

 

El feminismo aporta debates, fundamenta, avanza con entereza, pese a embates de conservadores que en muchas ocasiones lo siguen ridiculizando, criminalizando. Ya se escucha esta palabra que nos ha permitido estar aquí, e pie, frente a ustedes, es un reconocimiento de la historia.

 

 

 

Es tiempo de reivindicarnos, desde estos espacios públicos como desde la academia, enseñarlo en la clase, en la calle, en los movimientos sociales; identificar la opresión, por quién permite precisamente identificar esos obstáculos.

 

 

 

Ya no voy a hablar de Elvia porque se hizo una excelente presentación de su perfil. Solamente dos pequeñas frases: fue un personaje extraordinario, por su coraje, por su valor; mujer que resistió los embates de mucha violencia.

 

 

 

Vivió en carne propia la violencia política y una cultura patriarcal y misógina que en aquella época era particularmente agresiva con las mujeres que no se sometían a los designios de la llamada naturaleza.

 

 

 

Fue autodidacta, mujer creativa, con belleza y con coraje. Participó desde joven, como bien lo vimos en muchos movimientos; fue denostada en todos los planos y como suele ser cuando se es mujer, en el plano sexual.

 

 

 

Una vez legalizado el aborto en Yucatán y una vez legalizado el divorcio, Elvia fue una de las primeras que solicitó el divorcio, porque además vinculaba a la teoría su práctica cotidiana.

 

 

 

Elvia seguramente estaría muy orgullosa de saber que su nombre corrige esa iniciativa; se sorprendería de saber la cantidad de mujeres que han trabajado por esta causa.

 

 

 

Al mismo tiempo estaría sorprendida de avances. Sin duda no podría concebir cómo se han integrado poco a poco las demandas de la igualdad en la agenda del país, que por cierto es por una obligación y muchas veces es por el grado de violencia, de feminicidio que conocemos.

 

 

 

Estaría orgullosa de muchas sentencias que se han emitido en tribunales electorales, incluso, como saben ustedes, en la Suprema Corte de Justicia, con perspectiva de género y festejaría la paridad que se ha alcanzado para el acceso a candidaturas.

 

 

 

Quizá nos diría que todavía falta mucho.

 

 

 

Importante avance, entre otros, en los últimos años, las sentencias del Tribunal Electoral y en particular las que son paradigmáticas en la Sala Superior; sentencias sustentadas con parámetros internacionales, como por ejemplo la revocación de las elecciones de Chiapas en pleno proceso electoral por incumplimiento de la paridad.

 

 

 

Nos creíamos en otro país, estábamos frente a un fenómeno impresionantemente solidario, fuerte, en el cual se convocó y en el cual tuvo mucho que ver redes de mujeres como REPARE, compañeras y compañeros que desde las legislaturas, desde los espacios institucionales apoyaban.

 

 

Cabe destacar también la creación de la Defensoría Pública y Electoral para los pueblos y comunidades indígenas, en el asesoramiento y defensa de mujeres indígenas, por ejemplo en los casos de las ciudadanas Rosa Pérez Pérez, Gloria Sánchez Gómez, Agustina Castellanos Zaragoza, así como las mujeres de San Cristóbal, de Xalapa de Márquez, donde se logró que se diera cumplimiento a una sentencia para que votaran y fueran votadas.

 

 

 

Sin embargo, esta defensoría aún es insuficiente para atender quejas y acompañamiento y defensa de mujeres que no pertenecen a los pueblos indígenas.

 

 

 

En este marco urge ampliar su mandato, dotar de recursos y competencia a esta Defensoría Pública, para que pueda asesorar, atender muchos casos.

 

 

 

Por ejemplo, el de la joven candidata, 22 años, de San Felipe Orizatlán, del estado de Hidalgo, Brenda Lizet, que exigió, que presentó una queja sobre violencia política, caso que ella misma tuvo que litigar como su primer caso siendo egresada de la carrera de Derecho, que por cierto lo perdió.

 

 

 

A pesar de que dos tribunales y la Sala Regional reconocieron al violencia política. Entonces podríamos preguntarnos: si Brenda fue víctima también de violencia institucional, por parte de los tribunales, uno la mandó al sicólogo; otro anuló la elección y otra le dio la razón al agresor.

 

 

 

Cuando menos eso es lo que vemos quienes no conocemos las respuestas jurídicas y seguramente había una razón, sin lugar a dudas. No existía la causal de violencia para anular la elección.

 

 

 

Hoy quiero festejar, de nuevo, este reconocimiento y la tipificación de la violencia política.

 

 

 

Más grave aún: pensemos como educadores, como padres de familia qué pensó la comunidad y dijo: el agresor ganó. Se empoderó al agresor.

 

 

 

La justicia está con el más fuerte, no pasa nada si ejercemos violencia, ¿y la víctima?, ¿y la responsabilidad del Estado?

 

 

 

Todo esto genera muchas preguntas:

 

 

 

¿Por qué hoy las mujeres candidatas sufren violencia? Sufren violencia para acceder, violencia para ejercer su cargo, deben asumir y pagar ellas mismas la estrategia de su defensa, reunir pruebas suficientes para llevar los casos a la justicia cuando existe una Defensoría Pública Electoral que se puede dotar de competencias y de recursos para atender estos casos.

 

 

 

Y qué hacer en el caso de las mujeres a las que se restituyen sus derechos, como una excelente, excelente sentencia, la de Chenalhó, por ejemplo.

 

 

 

Qué pasa con las mujeres que no tienen condiciones para poder resistir, pero no solamente resistir a la vida cotidiana sino resistir al terror de las amenazas.

 

 

 

Qué pasado en el proceso de las que han sido sustituidas. Urge que la academia, y en eso me felicito y felicito a la senadora Diva y a las senadoras, por este impulso que se le quiere dar a este Premio.

 

 

 

Falta hacer trabajos de investigación, trabajos de monitoreo, trabajos de acompañamiento y es lo que nos toca en la Academia, y es lo que nos toca como investigadoras de la UNAM.

 

 

 

En este marco, la presidenta municipal de Chenalhó se restituyó otra vez al cargo en un proceso pacífico, pero lleno de tensiones.

 

 

 

Cómo puede ejercer su cargo con estas tensiones cuando se tienen amenazas de muerte, cuando se coloca a una cantidad de personas cercanas en riesgo. Cómo, cuál fue el problema: ¿ganar la paridad? ¿Porque al fin disputamos el poder?

 

 

 

En ese marco hay muchos retos, pero más desafíos para las mujeres indígenas. Porque son indígenas, en mucha mayoría son pobres y son mujeres y todo mundo cree que tiene el mandato sobre ellas.

 

 

 

Quiero desde luego pensar en muchas otras.

 

 

 

Por ejemplo: Irma Yareli Cariño, Irma Aguilar; las mujeres también, y de San Martín, el mes pasado recibieron latigazos, latigazos por aspirar a ejercer, latigazos de su comunidad.

 

 

 

En ese marco, necesitamos como academia dar respuestas.

 

 

 

Elvia se sorprendería, se sorprendería y al mismo tiempo pensaría que quizás fue demasiado largo el proceso.

 

 

 

Por eso tenemos que acelerar el paso.

 

 

 

Me preocupan las generaciones jóvenes que viven en ocasiones el espejismo de la igualdad, que tienen ante ellas un mundo que las excluye en muchos aspectos: laborables, educativos, sociales y vive en la violencia.

 

 

 

Pienso en el caso que lleva la Red Mesa de Mujeres, de Ciudad Juárez, de la joven María Guadalupe Pereda, de 19 años, que se embarazó a los 17, una pareja de 36, quien es un ejemplo de difícil acceso a las mujeres y a una cultura misógina, que no perdona, que ella se defendió en defensa propia.

 

 

 

No logra superarse su caso, no se reconoce la legítima defensa cuando se ha demostrado, más allá de toda duda razonable, que estaba siendo atacada brutalmente por alguien que le manifestaba la intención de matarla.

 

 

 

No obstante, la jueza en turno no reconoció la perspectiva de género, no es el último caso.

 

 

 

Hay muchos casos más sobre los cuales se tiene que legislar.

 

 

 

Hoy pienso en las jóvenes asesinadas en Ciudad Juárez que no pudieron construir su proyecto de vida.

 

 

 

Pienso en sus madres, pienso en las madres de las personas desaparecidas: hombre y mujeres, que llevan a cuestas el dolor, que luchan incansablemente para encontrar a sus hijos, que luchan por la justicia, contra la impunidad y en sus voces quieren ser muchas veces acalladas en lugar de darles como respuesta la justicia y la verdad.

 

 

 

Nuestro trabajo, en fin, para no desaprovechar la oportunidad de estar con ustedes, nos lleva también al seguimiento de las recomendaciones internacionales.

 

 

 

México tiene una agenda de aquí al año 2000 particularmente importante. Tiene una agenda en la que vamos basar la gran carta de los derechos de las mujeres, que es la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, la llamada CEDAW; el Pacto Internacional de Hechos Civiles y Políticos y Culturales pasa este año; la Convención de Trabajadores Migrantes; la Convención de Personas con Discapacidad y en 1918, que está agendado, el Examen Periódico Universal.

 

 

 

En este sentido me permito dirigirme, desde luego al señor Secretario, que tiene esta alta responsabilidad del seguimiento a los mecanismos internacionales; pero a todos ustedes y a este Pleno:

 

 

 

Queda poco tiempo, queda poco tiempo para establecer una estrategia con sociedad civil; con instituciones académicas y el Estado. No nos interesa, como académicas, ir a hablar mal del Estado en los foros internacionales: nos interesa llegar diciendo que pudimos sumar, nos interesa identificar una agenda de prioridades de aquí al 18; no tenemos que pasar por la CEDAW para avanzar por los derechos de hombres y mujeres.

 

 

 

En ese marco, solicito atentamente que el Estado mexicano defina la fecha de presentación del Informe CEDAW y en este marco nos sentemos. El Estado mexicano ya entregó su informe, pero nos sentemos a ver, aprovechemos esa ocasión; entregó un informe y efectivamente reconocía por ejemplo, que no se ha firmado la Convención 189 de las trabajadoras migrantes.

 

 

 

Por qué no nos sentamos a discutir con ellas, como estamos nosotras trabajando, con INUMEJERES con quien hemos trabajado; con Gobernación, con todas las instancias; ¿por qué estas trabajadoras no tienen una categoría digna y son excluidas en este proyecto de modernidad? Son millones de mujeres y de hombres.

 

 

 

Antes de concluir, quiero señalar que nuestro trabajo ha sido posible por el ejercicio pleno de la libertad de cátedra. Expreso mi agradecimiento a la UNAM, Mónica, es un placer que estés con nosotros, que estés conmigo, que estés con la cátedra. Esta institución ha sido además un apoyo permanente.

 

 

 

Y desde luego a la UNESCO, a la compañera de muchas batallas y además a la fuente rica de iniciativas.

 

 

 

Quiero desde luego reconocer el papel de ONU Mujeres, con ONU Mujeres pudimos traer a la relatora de la CEDAW, con ONU Mujeres pudimos elaborar precisamente estas agendas.

 

 

 

Particularmente quiero agradecer desde luego, a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, a mis colegas, a mis colaboradores y colaboradoras, a los estudiantes y al estudiantado en general el apoyo en este trayecto.

 

 

 

Por último, quiero dedicar a las defensoras de los derechos humanos este reconocimiento. Y entre ellas a mi madre, porque sin saberlo me forjó resistente y efectivamente, contestataria; porque me enseñó el sentido de la palabra “resistencia”.

 

 

 

A mi hija Nayana quiero dedicárselo porque me enseña día a día, el sentido exacto del empoderamiento.

 

 

 

Al compañero de mi vida, Gabriel, y a mis hijos: Yanis, Rachid y Alister; que junto con mi hija construimos cada día, lo inventamos, un proyecto de igualdad, no sin dificultades; pero con alegría. Son ellos quienes me han apoyado y compartido mis afanes y mis sueños.

 

 

 

Gracias a Carlos, a Yumi, a mis hermanas y hermanos con amor.

 

 

 

Deseo concluir con un soneto dedicado a las mujeres, de una gran y extraordinaria mujer, Patricia Galeana la conoce muy bien: Griselda Álvarez, la primera gobernadora de México, de las siete que han existido hasta ahora, digan nada más cómo estamos de pendientes:

 

 

 

“Nacer mujer es un inmenso reto, circunstancia toral, dura la vida. La hembra viene en pecado concebida y el hombre nace lleno de respeto.

 

Buscas no ser objeto, ser sujeto con tu ovárica fuerza sostenida; para luchar con alma dividida, porque no en todo lograrás boleto.

 

 

 

Te dan sencillo más te exigen doble, sangras ante la ley cada conquista: en la maternidad, sustancia doble, gigante siempre aunque el dolor embista, por fuera suave, muy adentro roble, pero te hacen, a golpes, ¡feminista!

 

 

 

Gracias.

 

 

 

SENADORA BLANCA ALCALÁ RUIZ: Señoras y señores legisladores: Después de escuchar la intervención brillante de la doctora Ramírez, difícilmente se podrían agregar muchas cosas más; pero también difícilmente puedo ausentarme de poder compartirles algunas reflexiones.

 

 

 

Primero, porque me honra presidir esta Sesión Solemne de la Cámara de Senadores, en la que hemos hecho entrega del reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto” a la doctora Ramírez, como una distinción a su destacada trayectoria profesional, como resultado de su dedicación, de su talento y de su compromiso con la causa de las mujeres.

 

 

 

Al presidir esta sesión, aprecio la deferencia del presidente de la Mesa Directiva, Pablo Escudero, a permitirme conducir los trabajos; del mismo modo del resto de los integrantes de la Mesa Directiva al permitir que las integrantes de la Comisión de Igualdad presidan esta ceremonia.

 

 

 

Sé que no se trata solamente de un gesto amable, sino refleja el trato de iguales que confieren a sus pares.

 

 

 

Aspiro también a que mis palabras transmitan de alguna manera el esfuerzo permanente de las 48 compañeras senadoras que integramos este cuerpo colegiado; del trabajo que realizamos todos los días desde diferentes territorios, desde diferentes escenarios, desde distintos foros, trabajo siempre en favor de México.

 

 

 

A todas ellas, y a quienes hoy nos acompañan, integrantes del Poder Ejecutivo y la Academia, reconozco su tenacidad para contribuir por una parte al debate responsable de la agenda nacional, y por otro sus esfuerzos para visibilizar la importancia de las mujeres en toda y cada uno de los ámbitos de la vida pública y privada de nuestro país.

 

 

 

Identifico en cada ley aprobada y en cada política pública adoptada, el interés de nosotras las mujeres, pero también la corresponsabilidad de muchos hombres, quienes son nuestra contraparte en esta tarea. Entre ellos, de mis compañeras y compañeros legisladores, y también desde luego del señor Secretario de Gobernación.

 

 

 

Destaco la iniciativa de la senadora Diva Gastélum que, conjuntamente con la Comisión de Igualdad de Género, ha posibilitado instituir el reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto” para premiar a quienes se han distinguido por su trayectoria personal y profesional o por su activismo en la defensa, promoción y protección de los derechos de las mujeres.

 

 

 

Por supuesto, Diva, que nos has dejado tarea. Vamos a estudiar lo que hoy nos has anunciado.

 

 

 

Como ha sido señalado previamente, Elvia Carrillo Puerto fue una luchadora incansable por brindarle dignidad y reconocimiento a la vida de las mujeres.

 

 

 

Para muchos, Elvia Carrillo se adelantó a su tiempo. En lo personal, pienso que su activismo correspondía a las injusticias de nuestro país de tiempo atrás y a las de su momento, muchas de las cuales desafortunadamente hoy persisten.

 

 

 

La tenacidad y la visión de aquella luchadora social, son características que en esta jornada identificamos en la figura de la doctora Gloria Ramírez Hernández.

 

 

 

Al escuchar a la doctora Ramírez, hacemos ecos de sus inquietudes por estudiar, por analizar, por proponer acciones en materia de género.

 

 

 

Ya hemos escuchado, ella es exigente, es cuestionadora, es feminista y sobre todo es orgullosamente también universitaria de la UNAM. Felicidades, doctora.

 

 

 

Al conmemorar este Día Internacional de la Mujer, traemos siempre a cuenta los adelantos en materia de igualdad de género, pero también es la oportunidad de evaluar el estado de exclusión y de discriminación que aún existe de las mujeres en el mundo y también en México.

 

 

 

Más allá de todas las cifras y de todos los datos que en ocasión de la fecha se reproducen, lo relevante es que el tema sobre la condición de las mujeres sea motivo de reflexión, pero sobre todo también nos impulse para más acciones que corrijan las asimetrías aún existentes.

 

 

 

En la democracia, estoy convencida, debe prevalecer una sociedad en la cual los ciudadanos nos reconozcamos los mismos derechos y las mismas oportunidades, pero desafortunadamente y a pesar de los avances en diversos ámbitos, aún reproducimos conceptos, conductas y estereotipos, que a lo largo de la historia han determinado sin razón un lugar de menor relevancia a las mujeres en las decisiones colectivas.

 

 

 

La escritora Ximanda Migoni Arichi ha expresado en diversas ocasiones y yo lo comparto, que no existe una hormona especial de la que carezcan las mujeres, pero tampoco hay una sola que diferencie a que la posean los hombres.

 

 

 

Sabiendo que eso es cierto, lo que debiera prevalecer cuando se habla de la participación de las mujeres, incluyendo el ascenso a la esfera de la toma de decisiones, es el reconocimiento a su trabajo, a su talento, a su creatividad y a su liderazgo.

 

 

 

En el mundo de la política sabemos que como las otras esferas, nuestra incursión ha sido compleja, quizá en esta aún mucho más, más compleja y tiene numerosas connotaciones: a veces se nos ha considerado como acompañamiento a las decisiones de los hombres.

 

 

 

En otras se nos ha calificado de ruidosas o conflictivas respecto a nuestras demandas y en otras más al considerarnos, al incluirnos se piensa que se atiende a nuestra condición de vulnerable o de sensible.

 

 

 

No obstante lo anterior, es innegable que las mujeres ocupamos cada día más espacios, pero entre más participamos, hoy la doctora lo señalaba, padecemos mayor violencia y entre más altos son los cargos, también son menos las mujeres.

 

 

 

En este cuerpo colegiado hoy habremos de ocuparnos de dar pasos sólidos para resolver una de estas dos problemáticas: la de la violencia política.

 

 

 

Más allá del debate que estoy segura habremos de presenciar en unos minutos más, con argumento de parte de las y los legisladores, estoy convencida que el propósito es que estas conductas no persistan, porque transgreden nuestros derechos políticos, mediante el uso abusivo de campañas discriminatorias, estrategias agresivas, engañosas y manipuladoras, que además de degradar la política, debilitan la democracia y resultan particularmente hostiles para nosotras, para nuestras familias y para nuestro entorno.

 

 

Pero que quede claro: con ello no sólo pierden las mujeres, pierde México entero.

 

 

 

Señoras y señores legisladores:

 

 

 

Es tiempo de reconocer que el éxito de las mujeres no constituye una amenaza o un riesgo para los hombres. Es tiempo de garantizar que la participación de las mujeres, además de darse en condiciones de paridad, debe darse sobre bases de justicia, pero también de igualdad sustantiva, la igualdad si no es real y objetiva, si no es exigible o judicializable, no es igualdad.

 

 

 

La normalidad democrática en nuestro país es hoy la alternancia y la pluralidad política, la cual desafortunadamente no se refleja aún en la pluralidad de géneros.

 

 

Los invito pues a ser congruentes con lo que se piensa, con lo que se dice y con lo que se hace. La democracia será de todos cuando la democracia también sea de todas.

 

 

 

Muchas gracias, enhorabuena doctora.

 

 

 

A nombre del Senado de la República deseo expresar nuestro agradecimiento al licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, a la magistrada Fosa Elena González Tirado, a la diputada Gloria Imelda Félix Niebla y a nuestra galardonada, la señora Gloria Ramírez Hernández, así como a todos nuestros distinguidos invitados, por su asistencia a esta sesión solemne.

 

 

 

(ENTONACIÓN DEL HIMNO NACIONAL)

 

 

 

SENADORA BLANCA ALCALÁ RUIZ: Solicito a mis compañeros senadores permanezcamos en el Salón de Sesiones para continuar con las sesiones ordinarias del día.

 

 

 

A las comisiones de cortesía, acompañar a nuestros invitados.

 

 

 

Se levanta la Sesión Solemne.

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