Senado de la República

COORDINACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos;

Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados;

Ministro Juan N. Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación;

Señoras; señores:

Nos convoca hoy un acto cívico en cuya sencilla reiteración estriba su más grande valor: rendimos homenaje a nuestra bandera gloriosa, símbolo de unidad e identidad nacional para todos los que por nacimiento o por libre decisión nos hermanamos bajo su tutela y, con ella, expresamos nuestro respeto y amor por México.

Si esta ceremonia que con tanto fervor se efectúa en cada sede de gobierno; en cada institución; en cada escuela; en cada comunidad; hasta el solar más apartado y humilde de la Patria nos une en esta fecha; quiere decir que tenemos viva la memoria y también la convicción de lo que somos y de los que queremos ser como nación.

Una Bandera Nacional se concibe como símbolo del vigor moral de un pueblo; expresa la acción y la conducta de los justos y los patriotas.

El Escudo de nuestro Lábaro Patrio relata una epopeya: la marcha fatigosa de los pueblos que venían del norte, del mítico Aztlán, para fundar una Nación en la tierra prometida. Tal es el designio de todos los pueblos originarios: caminar generación tras generación hasta encontrar ese espacio terrenal que les corresponde para hacerlo propio y construirlo con el esfuerzo común.

Todos y cada uno de nosotros nos reconocemos en la Bandera Nacional, ya que sabemos referirnos a los símbolos que compartimos para hacernos responsables y fuertes ante las tareas que nos corresponden en cada hora de la Nación.

Por encima de los partidos y de las facciones, nuestra Enseña Patria representa la idea esencial de la unidad como propósito nacional y como referencia moral para la acción. Es una entidad viva y trascendente, que impone el deber de someter todo a su grandeza.

Tenemos ahora el compromiso supremo de garantizar la estabilidad y cohesión de la República, así como la integridad de sus instituciones y el bienestar del pueblo.

Para ello contamos con una identidad que nos ha permitido evolucionar, vencer obstáculos y adaptarnos al ritmo de los tiempos y a las aspiraciones de este complejo mosaico que siempre ha sido México.

Asumamos la responsabilidad de construir las bases de un sólido y amplio acuerdo en el que nos reconozcamos todos y estemos representados en conjunto. Necesitamos un espacio donde podamos dialogar y encontrarnos de frente y tomar las decisiones que México necesita, como es propio en las democracias. Desde luego, ajenos a la revancha, el encono y el recurso fácil de la distribución de culpas.

México saldrá adelante si logramos acordar, entre nosotros, en concordia y unidad, la visión que nos permita darle un rumbo claro y cierto a la Patria que tiene por símbolo a nuestra Bandera.

Señoras; señores:

En este día, ante nuestra insignia, es pertinente recordar que el de México es un pueblo con memoria y voluntad inquebrantable como Nación.

Que su identidad ha sido construida en un camino largo en el que se han tenido que superar enormes retos y que ninguno de ellos, por más grande que haya sido, ha podido desvirtuar la decisión colectiva de mantenernos unidos como la Nación libre, soberana e independiente que somos.

Podemos encontrar en la Bandera Nacional un profundo significado histórico, una alta lección cívica y moral, de la cual debe partir la visión del presente que nos impulse hacia el futuro. En ella no hay lugar para la fatiga, el desaliento o la desesperanza.

Entendamos que aún hay mucho tiempo por delante y que nunca es tarde para impulsar una agenda de reformas que nos permita tener gobiernos de calidad.

La Bandera Nacional, síntesis de nuestra historia y cultura, nos enseña una y otra vez que en ocasiones los individuos podemos fallar, pero que tenemos un patrimonio institucional y los valores patrios; por eso nada hará desmayar los anhelos de superación y progreso del pueblo mexicano.

Si de lo que se trata es de consolidar un país fuerte y una sociedad con justicia, libertad y más democracia; una sociedad sin hambre, sin angustias ni miedos: tenemos instituciones que funcionan y nos representan, y una firme voluntad de permanecer unidos.

Nos corresponde cuidar que la Bandera continúe como guía de las nuevas generaciones y, al mismo tiempo, como invitación a la generosidad y al trabajo a favor del porvenir nacional.

El mejor homenaje a nuestra Bandera es refrendar nuestros valores patrios y seguir, como hasta ahora, unidos, trabajando con ahínco por México.

Muchas gracias.

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